15 mayo 2011

Rompiendo tópicos

Hace algunos años, cuando entrenaba boxeo en el gimnasio Jocar de Talavera, asistía a las clases boxísticas una chica de unos 19 años, menudita, algo arisca y antipática, pero que golpeaba el saco con virulencia y participaba activamente en todas las clases. En los entrenamientos se le notaba la rabia contenida que llevaba en su interior, y el saco, el punching o su oponente de cuadrilátero eran cómplices de su temperamento y pasión. Hasta que un día le pregunté al dueño del gimnasio sobre esta chica y sus propósitos de practicar el noble arte del pugilismo. Y este me contestó: “hace unas semanas vino con su madre a preguntar sobre deportes de contacto porque se quería apuntar debido a que el psicólogo se lo había recomendado, pues estaba bajo tratamiento psicológico debido a una fuerte depresión, y el boxeo es un excelente deporte para aumentar la autoestima, la confianza y seguridad en uno mismo, a parte de canalizar la agresividad, soltar adrenalina y servir como desahogo”.

Al cabo de varias semanas la chica era otra persona, había reforzado su autoestima, aumentando su confianza y se sentía más segura y a gusto consigo misma. Pero para conseguir ese objetivo había tenido que romper varios tópicos y callar la boca a todos esos ignorantes que piensan que el boxeo es un deporte de brutos y marginal, quizás lo dejaran de pensar si se enfundaran unos guantes y se subieran a un cuadrilátero, pero para hacer eso primero hay que tener valor y honor. Y es posible que de eso anden algo escasos.

No sé que habrá sido de esta chica boxeadora, ni los golpes que haya tenido que esquivar o soltar en la vida, pero de lo que estoy seguro es que el boxeo, al igual que a mí, le ha permitido entender la vida de otra manera.

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