El reencuentro
Hace unos días me encontraba en la estación de tren de Castellón paseando por sus pasillos mientras esperaba al tren que me llevara de vuelta a Madrid cuando, para mi sorpresa y, a la postre, mayor congratulación, observo a un individuo que me recordaba a un antiguo amigo de la residencia universitaria de Madrid, el jerezano Paco. Este, giró la mirada y me miró fijamente, ambos nos quedamos mirando durante unos escasos segundos hasta que nos reconocimos. Los dos de manera impulsiva y al unísono nos fundimos en un entrañable y cariñoso abrazo, pues eran cinco años los que llevábamos sin vernos.
Por unos minutos ambos nos trasladamos a otros tiempos, rememoramos viejas amistades, experiencias, anécdotas, historias y recuerdos inolvidables que nos acompañaran el resto de nuestras vidas. Nos contamos como iban nuestras respectivas vidas y los últimos pasos o, en mi caso golpes, que habíamos dado, así como nos reímos con nuestras pintas actuales.
Lo que es la vida, después de tanto tiempo me reencuentro por antojo del destino o la casualidad con un viejo amigo del que guardo un enorme y grato recuerdo del pasado. Tras unos minutos de emocionante charla nos volvimos a despedir deseándonos toda la suerte del mundo y con la firme promesa de volver a vernos en un corto periodo de tiempo.
El camino de vuelta a Madrid estuvo cargado de nostalgia y recuerdos de aquellos maravillosos años pasados que, hace poco rememoré en el relato: “Diario de un daltónico: Madrid (1996-1999)”, y que hasta la fecha han sido los mejores años de mi vida.
En este sentido, recientemente a través de Facebook nos hemos puesto en contacto los viejos alumnos del Colegio Cristóbal Colón de Talavera, algunos llevábamos sin comunicarnos la friolera de 20 años. Hasta llegar a tener una quedada revival hace unos días, pero al coincidir con otro encuentro no pude asistir. Pues, como anteriormente he mencionado el destino o la casualidad hace que nos volvamos a reencontrar con ciertas amistades o, por el contrario, seguir manteniendo la distancia.
Y es que, en algunos casos el destino es caprichoso, no siempre nos lleva, a veces nos regresa y hace que dos personas que están muy distanciadas y les separan infinidad de obstáculos vuelvan a cruzar sus caminos y, a veces, sus sentimientos. Con el transcurrir de los años pasan por nuestras vidas innumerables personas, pero solo de un puñado guardamos especial recuerdo y cariño. Como cierta persona que conocí hace años y que desde mediados del año 2008 no he vuelto a ver, aunque tengo la esperanza de que algún día nos volvamos a reencontrar, puesto que seguimos manteniendo el contacto de forma regular por medio de las llamadas redes sociales, porque contraviniendo el dicho popular: en este caso la distancia no es el olvido.
Por unos minutos ambos nos trasladamos a otros tiempos, rememoramos viejas amistades, experiencias, anécdotas, historias y recuerdos inolvidables que nos acompañaran el resto de nuestras vidas. Nos contamos como iban nuestras respectivas vidas y los últimos pasos o, en mi caso golpes, que habíamos dado, así como nos reímos con nuestras pintas actuales.
Lo que es la vida, después de tanto tiempo me reencuentro por antojo del destino o la casualidad con un viejo amigo del que guardo un enorme y grato recuerdo del pasado. Tras unos minutos de emocionante charla nos volvimos a despedir deseándonos toda la suerte del mundo y con la firme promesa de volver a vernos en un corto periodo de tiempo.
El camino de vuelta a Madrid estuvo cargado de nostalgia y recuerdos de aquellos maravillosos años pasados que, hace poco rememoré en el relato: “Diario de un daltónico: Madrid (1996-1999)”, y que hasta la fecha han sido los mejores años de mi vida.
En este sentido, recientemente a través de Facebook nos hemos puesto en contacto los viejos alumnos del Colegio Cristóbal Colón de Talavera, algunos llevábamos sin comunicarnos la friolera de 20 años. Hasta llegar a tener una quedada revival hace unos días, pero al coincidir con otro encuentro no pude asistir. Pues, como anteriormente he mencionado el destino o la casualidad hace que nos volvamos a reencontrar con ciertas amistades o, por el contrario, seguir manteniendo la distancia.
Y es que, en algunos casos el destino es caprichoso, no siempre nos lleva, a veces nos regresa y hace que dos personas que están muy distanciadas y les separan infinidad de obstáculos vuelvan a cruzar sus caminos y, a veces, sus sentimientos. Con el transcurrir de los años pasan por nuestras vidas innumerables personas, pero solo de un puñado guardamos especial recuerdo y cariño. Como cierta persona que conocí hace años y que desde mediados del año 2008 no he vuelto a ver, aunque tengo la esperanza de que algún día nos volvamos a reencontrar, puesto que seguimos manteniendo el contacto de forma regular por medio de las llamadas redes sociales, porque contraviniendo el dicho popular: en este caso la distancia no es el olvido.
2 comentarios:
Muy buena Sergio!! Qué casualidades tiene la vida chaval!! Pero me alegré mucho de encontrarte así, sin organización de ningún tipo. Lástima que sólo fueron cinco minutos.
Tenemos que organizar una pequeña quedada en Madrid con Javi y alguno más.
Un abrazo!
Pues no... la distancia no es el olvido, lo tengo muy claro. Creo que sé quien es la chica de 2008... la conozco muy bien..
Un beso de esa chica que tb espera volver a verte.
María
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