¿Destino o casualidad?
¿Ha sido el destino o, por el contrario, la casualidad de que me encuentre escribiendo estas líneas?
A lo largo de nuestras vidas nos encontramos con un sin fin de acciones que pueden estar predestinadas a suceder sin que podamos hacer nada por remediarlas o, simplemente, son consecuencia de la casualidad; por ejemplo decisiones laborales, deportivas, amistades, sociales, humanas, festivas, saludables, amorosas, económicas, personales o sentimentales.
Y es que a lo largo de los años nos damos cuenta que muchas experiencias acontecen sin saber el por qué y cuanto más se planifican las cosas nunca salen como hemos previsto. Es por ello que el destino personal y vital es ineludible sin saber de una manera exacta el futuro que nos depara. De ahí que no podamos manejar y dominar determinados movimientos o sucesos porque están ya predestinados a realizarse.
A todos nos ha pasado alguna vez que en nuestro circulo de amistades o colegas hemos conocido a alguien por medio de otra persona que este, a su vez, conocía a alguien que conocíamos nosotros. A esto se le llama casualidad. Pero exactamente esa casualidad ha venido dada porque el destino ha decidido que conozcamos a esa persona en ese preciso momento. U otros hechos como las amistades, es el destino el que nos empuja a relacionarnos con unas determinadas personas y no con otras, también es debido a la personalidad que, generalmente, es similar, por ello nos relacionamos con personas de nuestro mismo entorno, pero verdaderamente ha sido el destino el que nos ha proporcionado esa forma de ser. Aunque la casualidad nos lleva a conocer a determinadas personas en determinados momentos o el destino hace reencontrarnos con alguien. He ahí el dilema ¿destino o casualidad?
Para ser más exactos. Una noche no decides salir de marcha, pero, un amigo insiste y te acaba convenciendo. Sales sin ganas, dinero y sin arreglar. Pero de repente se convierte en una noche fantástica, te lo pasas en grande y comentas la famosa frase: “si es que no hay que planificar nada”, las cosas vienen y punto. O te empeñas en buscar el amor de tu vida, y cuando menos te lo esperas lo encuentras en el lugar menos previsto. También en el tema laboral, porque las acciones del banco tal en la bolsa hayan caído ha supuesto la absorción de tal grupo financiero que a su vez deja de invertir en tal empresa y esto supone que debido al Euribor y a los tipos de interés, la subida del petróleo y su puta madre te quedes en el paro. Y por no decir de las horas que nos pasamos decidiendo las vacaciones, los planes del fin de semana, si llamas o no a alguien, si compras fruta o verdura, cocino arroz o pasta, voy o no voy a pueblo, las fiestas en la plaza o en las eras, vamos al Pikas o en ka Marisa, si me pongo los pantalones azules o negros, practico boxeo o kick-boxing, elijo letras o ciencias, el coche blanco o rojo, el pelo rubio o moreno, el niño lo llevo a colegio público o privado, chalet o piso, playa o montaña… y miles de decisiones diarias que tomamos para que cierto día te atropelle un coche en un paso de cebra, una noche te peguen una puñalada, te metas una ostia monumental o te escalabres con un tiesto y te vayas al otro barrio por una puta desgracia, mala suerte, casualidades o el puñetero destino de estar en el lugar adecuado en el momento preciso.
Por todo esto y resumiendo, lo mejor es dejarse llevar y no buscar el doble sentido a las cosas porque por mucho que nos empeñemos si algo está destinado a suceder no podemos cambiarlo. Y, lo más importante, es mejor hacer algo de lo que te puedas arrepentir que estar arrepintiéndote toda la vida por no haberlo hecho.
A lo largo de nuestras vidas nos encontramos con un sin fin de acciones que pueden estar predestinadas a suceder sin que podamos hacer nada por remediarlas o, simplemente, son consecuencia de la casualidad; por ejemplo decisiones laborales, deportivas, amistades, sociales, humanas, festivas, saludables, amorosas, económicas, personales o sentimentales.
Y es que a lo largo de los años nos damos cuenta que muchas experiencias acontecen sin saber el por qué y cuanto más se planifican las cosas nunca salen como hemos previsto. Es por ello que el destino personal y vital es ineludible sin saber de una manera exacta el futuro que nos depara. De ahí que no podamos manejar y dominar determinados movimientos o sucesos porque están ya predestinados a realizarse.
A todos nos ha pasado alguna vez que en nuestro circulo de amistades o colegas hemos conocido a alguien por medio de otra persona que este, a su vez, conocía a alguien que conocíamos nosotros. A esto se le llama casualidad. Pero exactamente esa casualidad ha venido dada porque el destino ha decidido que conozcamos a esa persona en ese preciso momento. U otros hechos como las amistades, es el destino el que nos empuja a relacionarnos con unas determinadas personas y no con otras, también es debido a la personalidad que, generalmente, es similar, por ello nos relacionamos con personas de nuestro mismo entorno, pero verdaderamente ha sido el destino el que nos ha proporcionado esa forma de ser. Aunque la casualidad nos lleva a conocer a determinadas personas en determinados momentos o el destino hace reencontrarnos con alguien. He ahí el dilema ¿destino o casualidad?
Para ser más exactos. Una noche no decides salir de marcha, pero, un amigo insiste y te acaba convenciendo. Sales sin ganas, dinero y sin arreglar. Pero de repente se convierte en una noche fantástica, te lo pasas en grande y comentas la famosa frase: “si es que no hay que planificar nada”, las cosas vienen y punto. O te empeñas en buscar el amor de tu vida, y cuando menos te lo esperas lo encuentras en el lugar menos previsto. También en el tema laboral, porque las acciones del banco tal en la bolsa hayan caído ha supuesto la absorción de tal grupo financiero que a su vez deja de invertir en tal empresa y esto supone que debido al Euribor y a los tipos de interés, la subida del petróleo y su puta madre te quedes en el paro. Y por no decir de las horas que nos pasamos decidiendo las vacaciones, los planes del fin de semana, si llamas o no a alguien, si compras fruta o verdura, cocino arroz o pasta, voy o no voy a pueblo, las fiestas en la plaza o en las eras, vamos al Pikas o en ka Marisa, si me pongo los pantalones azules o negros, practico boxeo o kick-boxing, elijo letras o ciencias, el coche blanco o rojo, el pelo rubio o moreno, el niño lo llevo a colegio público o privado, chalet o piso, playa o montaña… y miles de decisiones diarias que tomamos para que cierto día te atropelle un coche en un paso de cebra, una noche te peguen una puñalada, te metas una ostia monumental o te escalabres con un tiesto y te vayas al otro barrio por una puta desgracia, mala suerte, casualidades o el puñetero destino de estar en el lugar adecuado en el momento preciso.
Por todo esto y resumiendo, lo mejor es dejarse llevar y no buscar el doble sentido a las cosas porque por mucho que nos empeñemos si algo está destinado a suceder no podemos cambiarlo. Y, lo más importante, es mejor hacer algo de lo que te puedas arrepentir que estar arrepintiéndote toda la vida por no haberlo hecho.
3 comentarios:
Me gusta la ultima frase de tu blog, es así y punto.. mejor arrepentirse de las cosas por hacerlas, que pasarte toda la vida pensando en el que hubiera pasado si?? Un beso muy fuerte de una rubia madrileña que te debe una comida!!!
A tus palabras les dedico estas mías; Carpe Diem y providencia...
"Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén..."
Miguel de Cervantes
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