19 enero 2011

El boxeador ciego

Hasta hace unos días me asombraba menos de las cosas. Pues, en muchas ocasiones creemos que lo hemos visto todo en la vida, y esta, cada vez nos sorprende más con nuevas historias como la que voy a relatar a continuación.

Por todos es sabido mi pasión por el noble arte del pugilismo, el cual practico semanalmente desde hace la friolera de 7 años y asisto como espectador a numerosas veladas boxísticas, así como sigo diariamente la actualidad del mundillo y escribo algunas líneas sobre el deporte de las 16 cuerdas en este humilde pero valiente y aguerrido blog.

En todos estos años he conocido a multitud de boxeadores que han pasado por el gimnasio y todos ellos suelen tener una característica en común: valor y coraje. Hasta que hace unas semanas acudió por primera vez un chico menudo, de unos 19 años, delgado, pelo oscuro y aplastado, ligeros síntomas de acné juvenil, caminaba con un paso lento y prudente. Mi primera impresión fue de asombro e incredulidad porque se le veía perdido en la sala sin saber por donde moverse y realizaba pasos extraños con ligeros movimientos de las manos intentando palpar y tocar los sacos de boxeo, hasta que los allí presentes nos dimos cuenta al aproximarse a nuestro redil que era invidente. Nos dejo atónitos.

El chico se ubicó en la entrada de la sala y se enfundo unos guantes rojos. Acto seguido dio varias vueltas sobre si mismo con las manos extendidas mientras avanzaba un par de pasos con suavidad. Hasta que el entrenador se aproximó a él de forma perpleja y le pregunto sus propósitos. Este le contestó que era nuevo y quería aprender a boxear. En ningún momento nombró su carencia visual pero todos los presentes nos dimos cuenta con enorme admiración que era totalmente ciego.

El entrenamiento de boxeo es muy regular. Primero se hacen 3 asaltos de comba, a nuestro protagonista se le proveyó de una comba que saltaba con destreza, luego se estiran las articulaciones, seguidamente se hacen 2 asaltos de sombra, lo que aprovechó el entrenador para explicarle los golpes más simples: jab, gancho, crochet, directo, hulk… y a cubrirse con los guantes cerrados. Yo estaba más pendiente del chico nuevo que de hacer sombra. Pues de manera voluntariosa intentaba lanzar golpes al viento sin tener un destino claro, el entrenador corregía sus movimientos con su mano diciéndole: lanza los golpes de forma ordenada y suave.

Es un boxeador del peso pluma, unos 57 kg. que se inclina y serpentea con sus nuevos guantes Charlie golpeando furiosamente tratando de encontrar su blanco. Los golpes que brotan de sus brazos no tienen un objetivo definido, pero sus puños siguen volando, todo completamente en la oscuridad, es autentico boxeo en la sombra. Imagino que trata de guiarse por los olores y sonidos, como el rechinar de las zapatillas en la lona y el susurro de la respiración de su oponente, que en muchos casos es uno mismo.

Terminada la primera fase de entrenamiento pasamos a ponernos con nuestra pareja boxística para guantear, que consiste en realizar una seria de combinaciones de golpes y esquivas según las indicaciones del entrenador, que hizo de sparring con el protagonista de esta bonita y admirable historia.

Tras varios asaltos, para finalizar la clase se realizan un par de combates de 3 minutos concluyendo con estiramientos e innumerables abdominales.

Al terminar la clase el entrenador le preguntó qué le había parecido, a lo que respondió con una enorme sonrisa: me ha encantado, el jueves vuelvo. Y tras quitarse los guantes con enorme soltura y despedirse de la clase, vestido con un chandal de la marca Puma y una chaqueta ligera de la que colgaba su mochila empezó avanzar por los pasillos del gimnasio sin bastón y sin perro guía. Solo guiándose con sus manos y su instinto. Impresionante.

Todavía me sigo emocionando cuando conozco a gente de la que se puede aprender lecciones de tesón, sacrifico y valor, por muchos problemas e impedimentos que les ponga la vida, la voluntad y la esperanza podrán siempre mover montañas.

El boxeo posee un halo de heroicismo sentimental mitológico proveniente y heredado de la tradición greco-romana. El boxeo es una metáfora de la vida, por ello, nuestro protagonista se siente cómodo porque diariamente se tiene que enfrentar a enormes obstáculos y barreras, y es posible que sobre el cuadrilátero, inmerso en la dualidad pugilística, golpe a golpe, asalto tras asalto, en boxeador ciego se encuentre seguro en la soledad y el silencio que infunden las 16 cuerdas.

Creo que no ha sido casualidad, y ha sido el boxeo quien ha elegido a él y no al revés como en la mayoría de los casos. Es posible que nuestro flamante personaje durante los minutos que entrena con el resto de púgiles se sienta uno más del grupo sin complejo alguno, pues este bello deporte infringe una serie de valores que otros deportes mayoritarios y convencionales no pueden transmitir: sacrificio, disciplina, pundonor, superación, humildad, valor, honor, respeto, esfuerzo; y por eso se siente totalmente identificado con el boxeo, porque su vida diaria es eso: superación, disciplina, sacrificio, valor… lastima que no pueda asestar un duro golpe en el hígado a todos aquellos que le ponen barreras para poder desarrollar su vida, o aquellos que todavía se empeñan en clasificar a la gente dependiendo de su condición social, económica o personal.

Desde estas humildes líneas felicito con enorme admiración al protagonista de esta magnífica historia deseando que tenga mucha suerte en la vida y que la gente le ayude, aunque, en mi caso personal, ha sido él quien me ha dado una verdadera lección.

¡SEGUNDOS FUERA!

2 comentarios:

LiLu dijo...

Hacia mucho que no entraba en tu blog.
Me ha encantado tu historia.
No es muy habitual encontrarse con estas personas, aunque sí es una suerte. Yo tengo que reconocer que siempre aprendo algo nuevo con cada persona que aparece en mi vida.
Solo espero que siempre sigamos topándonos con este tipo de grandes seres humanos.
Besos.

Anónimo dijo...

Pienso que la discapacidad la tenemos nosotros, porque todavía en muchas ocasiones nos quedamos mirándolos como si fuesen bichos raros debido a su discapacidad. Cuando comencemos a mirar a las personas y no a sus discapacidades entonces será cuando ellos ganen una de las mil batallas y barreras que tienen que superar cada día.