24 septiembre 2009

DOSIS

El próximo día 2 de octubre a las 21:00 horas en el Teatro Palenque de Talavera de la Reina se celebra la gala anual del centro de estudios teatrales y cinematográficos “Joaquín Benito de Lucas”, en donde se presentaran las seis películas del curso pasado. Entre ellas se encuentra “Dosis”, mi primer cortometraje como guionista.

Espero que todo aquel que quiera se digne a acompañarme, ya que si soy galardonado tendré que dedicar el premio a alguien ja ja ja

Para aquellos que no sepan de qué va “Dosis” pueden asistir al estreno mundial o, por el contrario, esperar a que se lo cuenten. Solo puedo adelantar que no dejara a nadie indiferente y el final deja mucho para pensar. Pues de eso se trata, que el espectador piense.

06 septiembre 2009

Verano azul 2009

El verano del año 2009 no ha sido uno más. El verano del año 2009 ha sido distinto, pues como otras épocas estivales me disponía a disfrutar de unas merecidas vacaciones, en esta ocasión, todo el mes de agosto por delante para deleitarme de ese bien preciado que es el ocio y el tiempo libre, y, como tantas ocasiones mi lugar destinado y predilecto es mi pueblo, Poyales del Hoyo, y con este van 32 veranos.

Según se acercaba el mes de agosto mis ansias de olvidarme del trabajo y disfrutar de las vacaciones se iba acrecentando y los fines de semana finales del mes de julio ya podía saborear lo que me esperaba: mañanas de cañeo en el pueblo, tardes en el chiringuito, promesas de verano, las prometidas excursiones que nunca se cumplen, paseos, cotilleos, charlar con los amigos, buscar aparcamiento en la plaza, olvidarme de Talavera, terracita por la noche en compañía de una leche helada, botellones, fiestas en los pueblos, alguna que otra salida a Candelada y Arenas, ver algún partidito en el campo de fútbol, etc. en fin lo de siempre.

Pero este año era distinto, pues justo el día que se iniciaban las fiestas tenía previsto viajar a una isla paradisíaca en un lugar recóndito del planeta tierra para desconectar por completo del estilo de vida occidental y de la idiosincrasia mediterránea. Pero antes de esto tenía que iniciar mi veraneo particular.

Como antesala se celebró una barbacoa y mojitada en una finca próxima al pueblo cuya única condición entre sus asistentes era vestir de blanco. Los mojitos empezaron hacer efecto entre los participantes del festín y las canciones improvisadas adaptando letras fueron muy sugerentes y divertidas entre el respetable, que fue sorprendido por una ligera lluvia que obligo a finalizar el encuentro.

Los primeros días de agosto fueron más de lo mismo y no me salí del guión establecido en ningún momento, salvo una salida nocturna improvisada a Candelada que se alargo hasta altas horas de la madrugada y que finiquitó con un inesperado encuentro con los “cierrabares” que me sorprendieron realizando unas aceleradas clases de conducir.

Por lo demás, las mañanas frecuentaba un bar de la plaza del moral en donde se concentraba al mediodía lo más granado y pintoresco del Poyales. Se solía elegir una mesita de la terraza al lado de una conocida carnicería para observar a los viandantes o apreciar a los clientes que disfrutaban del garito. Los pinchos, cuya especialidad es la casquería, y las cañas eran saboreados con entusiasmo por mis compañeros de mesa, así como las conversaciones sobre las expectativas de verano o el sentido de la vida. En más de una ocasión me he ido a casa comido y bebido directamente a la siesta.

Por las tardes mi lugar predilecto es el chiringuito del charco “las cazuelas”, un lugar pintoresco y emblemático de mis últimos veranos. Allí, a parte de disfrutar de un baño en sus aguas gélidas, me divertía con sus clientes, todos ellos de diversa condición social: gorrillas, tololos, moteros, bailarines brasileños, viejas y nuevas promesas futbolísticas, gamborros, sabios, bebedores, jugadores de cartas, aficionados al papel de liar, padres y madres primerizos, recién nacidos, etc. y entre tinto de verano y conversaciones inauditas pasaba la tarde.

Al caer el sol mi destino solía ser un paseito por la P-30 o la plaza nueva, epicentro de Poyales, pero que por las mañanas es frecuentado por meloneros tocapelotas, heladeros, vendedores ambulantes y demás ralea que hacen sacarme de mis casillas, aunque es un buen lugar para regocijarme de los pregones o las conversaciones de los operarios del Ayuntamiento. Un hecho típico todos los veranos es buscar aparcamiento, pues la triple fila es habitual es esta plazoleta.

Las noches han sido muy rutinarias, ya que seguían las conversaciones profundas e interesantes en la plaza del moral o la carretera en compañía de una leche helada o una jarrita de cerveza helada. Salvo en alguna ocasión que en compañía de cierto personaje nos pasamos toda la noche de tertulia sobre lo divino y lo humano acompañados de nuestras bebidas favoritas para ver el amanecer.

Los fines de semana Poyales recibía caras nuevas, sobre todo madrileños que buscaban el fresquito de la sierra de Gredos o un lugar para desconectar del infernal ruido de la capital. Por lo que el grupo de hoyancos era aumentado y las concentraciones en los bares eran más extensas, como cierta noche que acabamos en Candelada desplazándonos en un vehiculo de color negro al son de la canción del verano: “one, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro… I know you want me…” acabando la noche en la popular “fabrik”, pero para mi sorpresa dos integrantes del grupo se volvieron a desplazar al lugar visitado anteriormente no sé con qué propósitos.

En otras ocasiones he frecuentado los botellones que se celebran en la parte baja del pueblo a la luz de las estrellas, auque no son de mi devoción este tipo de concentraciones absurdas cuya única finalidad es venerar al Dios “Baco”.

Para variar y romper la rutina, cierto día hicimos una excursión por la ladera sur de la Sierra de Gredos para observar in-situ las consecuencias del fuego que asoló parte del Valle del Tietar en el mes de julio. A la hora de comer nos desplazamos a Venta Rasquilla para saborear sus chuletones avileños. En el turno de cafés nos acercamos a Venta Rasca en el que un tipo fantástico nos deleito con un show inaudito y vergonzante que dejo boquiabiertos a sus compañeros de viaje.

A medida que pasaba el verano se iba aproximando mi viaje vacacional y las expectativas sobre el mismo eran ilusorias. Llegaron los campeonatos de futbito del pueblo y las viejas historietas y piques salieron a relucir. Yo procuraba evadirme de ese tipo de encuentros y me escapaba a practicar mi nueva afición, la escalada deportiva, en una pared empedrada localizada al lado de la fuente “el aliso”.

Por fin llego mi ansiado viaje veraniego y las horas en el avión se me hicieron eternas, además pase un frío tremendo en el vuelo que contrastaba con el ambiente calido con el que fuimos recibidos en el paraíso terrenal. El traslado al hotel en gua-gua fue muy positivo, pues pude observar por la ventanilla el estilo del vida de los autóctonos del lugar, nada que ver con el modo de vida occidental, ni punto de comparación. El hotel era un lujo, muy amplio, colorido, chiringuitos por todos los lados, los empleados te saludaban siempre, amabilidad, educación, nada que ver con la Iberia dejada atrás.

Pero lo mejor de todo era sus extensas playas, agua cristalina, arena fina, blanca y unos cocoteros inmensos que se extendían por sus amplias y divinas playas paradisíacas. Allí puede comprobar que el paraíso existe.

Los primeros días fueron de toma de contacto con el hotel, sus comidas, bebidas, piscinas, parques, playas, jardines, otros hoteles del complejo, vecinos, discotecas… pero enseguida nos adaptamos al hábitat aunque en ningún momento pecamos de rutina y procuramos corrernos alguna que otra juerga inolvidable por la isla, como el día del episodio en la famosa moto, fue de las mejores experiencias de mi vida, la noche de los mosquitos, de los seguratas en la playa, el baño nocturno, los cierres de la disco Pacha, el regateo, la boxeadora, el famoso Agustín del chiringuito, los notas de Pamplona, mis discusiones con el conserje, la noche que se movilizó el país, los huracanes, las brasileñas, mi ostia en la disco imagine, el autobús de vuelta al hotel, alegría y cerveza fría, la felicidad, los rones, la bachata y el merengue, el catamarán de Isla Saona, el cangrejo acuático, los pives de Canarias, los dólares, los mil cocktail que me bebí, la caja fuerte, la cisterna que me traía loco, el famoso trenecito, la caída de los cocos, la zona de fumadores, las dudas sobre el día de vuelta a casa, la canción de black eyed peas, el mama Juana, la famosa catana, el Comandante Ávila, Poyales desde el cielo, la disco-cueva, el tío peludo, las de Toronto, el anochecer… mil aventuras inolvidables.

El viaje de vuelta fue algo melancólico, sobre todo al llegar a Barajas, en donde comprobé el importante cambio social y cultural que había vivido. De vuelta a Poyales añoraba los días dejados atrás pero me disponía a disfrutar de mis últimos días de vacaciones. El jet lag hizo mella en mi cuerpo y para cerrar el veraneo nos desplazamos a Arenas de San Pedro por la noche para dar una vuelta y recordar viejos tiempos en los que éramos más jóvenes, pues al día siguiente fue mi 33 cumpleaños y, para celebrarlo, junto con otro compañero de cumple de la misma semana organizamos una barbacoa con mojitos de por medio.

El último sábado de mes es la popular fiesta del higo y coincide con el arranque liguero, por lo que me tuve que chupar ese tostón que es el balompié, ya que por todos es conocido mi animadversión a este juego y mi pasión por el noble arte del boxeo. Para aguantar ese soponcio tuve que embriagarme a base de botellines y posteriores pelotazos, una manera típica de acabar las vacaciones, y entre balances sobre el verano y alguna que otra risa picarona acabó mi mes de vacaciones.

Pero lo más importante de estas semanas pasadas, por encima de las aventuras acaecidas, ha sido los compañeros de fatigas que, como la popular y mítica serie “Verano azul”, han hecho de la amistad un sayo y del cariño su capa. En verano azul la amistad y la fidelidad entre el grupo de amigos estaba por encima de todo, en mi caso, he podido corroborar que, en esta España del todo-vale o del vale-todo, por encima de lo superficial, lo artificial, lo material, el interés, todavía merece la pena vivir solo por determinadas personas que han calado tanto en lo más profundo de mi maltrecho corazón que, sin ellos, no merecería la pena vivir. Gracias por todo y gracias por nada.

Ya he vuelto a la rutina diaria en mi Talavera natal, pero en mi memoria perdurará durante mucho tiempo ese verano azul 2009 que ya acabó pero que dentro de mi espíritu perdurará para siempre.