Durante varios días he estado trabajando en Toledo en la producción del espectáculo audiovisual “Toledo Lux El Greco” que se realizó en diversos puntos de la ciudad imperial: Puerta de Bisagra, Puerta del Sol, Plaza de Zocodover y Plaza de la Catedral, fue allí, en este último enclave donde conocí al personaje típico que ha sido victima del sistema injusto e indiscriminado que padecemos, su nombre es Félix.
Pues la torre de control de la Catedral se localizó justo delante del banco donde vive nuestro amigo, invadiendo de esta manera su espacio vital e interrumpiendo su estilo de vida aburrido y sombrío.
Pero para mí sorpresa Félix lo acepto con especial simpatía ya que de esta manera rompía su vida anodina y tenía un nuevo motivo para distraerse. Desde el primer momento se mostró voluntario para ayudarnos en la carga/descarga de material o vigilar los equipos audiovisuales lo que me llevo a empezar a conocer su peculiar estilo de vida: la mendicidad.
Félix lleva en la calle varios años, al morir su madre se quedó solo sin posesiones y al no tener familiares se quedo en la calle. Los supuestos “agentes sociales” le dieron la espalda, los centros de acogida están desbordados o pendientes de ayudar a individuos procedentes de tierras extrañas antes que a los nacionales y por otras circunstancias de la vida nuestro amigo se vio obligado a mendigar.
Su casa es un banco situado en la plaza de Catedral al lado de un tenderete de postales y sus muebles unas bolsas donde recopila elementos que recauda en los cubos de basura o albergues. Pero a pesar de vivir en la calle cuida su aspecto, pues la dignidad nunca hay que perderla a pesar de no tener techo.
Durante los días que duraron los ensayos y espectáculos Félix se volvió a sentir útil para la sociedad que le había dado la espalda pues nos ayudaba a vigilar el material y como recompensa recibía propinas o comida. A pesar de eso, Félix se quejaba de que nadie le había ayudado y que los políticos del sistema pasaban delante de su banco todos los días sin dirigirle la mirada, porque su falta de conciencia y escrúpulos no les permite ningún tipo de caridad ante el prójimo.
La vida de Félix ha sido dura, trabajó como vigilante de seguridad durante muchos años, vivió en Lanzarote y al regresar a Toledo, en concreto al barrio de Santo Tomé, murió su madre pero una parte de él también se lo llevo. Cuando me contaba el declive de su vida se me empezó a caer el mundo encima y la lección que he recibido en estos días no tiene precio porque hay cosas que solo se aprenden en la calle.
Los días del show Félix estaba especialmente feliz, se emocionó en repetidas ocasiones al ver el espectáculo y sentirse participe ya que con su pequeño granito de arena había contribuido que aquello se hiciera realidad aunque el último día se encontraba bastante triste porque volvía a estar solo.
España es un país donde se piensa poco. El pensamiento único impera en la sociedad y todo lo que salga de ese discurso políticamente correcto es tachado de retrograda o fascista. Un país que piensa poco es un país sin cultura. Pero los magnates es lo que quieren, ovejitas obedientes o marionetas calladas. De esta manera personas como Félix pagan los platos rotos de esos innombrables que nos rodean por todas partes y que, carente de sentimientos, se venden diariamente.
Por unos días Félix volvió a sonreír y, quizás, volvió la tener esperanza, pero lo que no sabe es que la lección de vida y humildad que me ha trasmitido es imborrable y que sus inquietudes quedaran plasmadas en esta plataforma canalla que es el blog Último asalto. Mucha suerte Félix.