27 abril 2009

Hasta siempre ¡campeón!

"...Estábamos todos, si, todos los enamorados del boxeo para despedir al mejor boxeador que ha dado España..."
El articulo que hoy presento me ha costado mucho escribirlo, pues el mejor boxeador español de todos los tiempos, Javi Castillejo, a dicho adiós al boxeo después de su última velada el pasado 4 de abril en “La Cubierta” de Leganés, a la cual tuve el privilegio de asistir. Es por ello que, como seguidor de este noble deporte, la noticia ha sido un duro golpe, nunca mejor dicho.

Poco días después de anunciar su despedida, Francisco Javier Castillejo, conocido popularmente como el "Lince de Parla" ha sido galardonado con una de las más altas distinciones de la Real Orden del Mérito Deportivo, la medalla de Oro, que se entregaron el pasado 22 de abril en un acto presidido por los Reyes de España.

Castillejo nació en Parla el 22 de marzo de 1968, goza de un palmarés de 72 peleas (62-8-2-43 K.O), con 2 títulos de España del peso wélter, 1 del peso superwélter, 6 títulos europeos del peso superwélter, 6 campeonatos mundiales WBC del peso superwélter y 2 títulos mundiales WBA del peso medio, el mejor palmarés del boxeo español.

El Lince, nuestro Lince, aquel que hace 21 años debutara por ahí escondido en un ring del barrio de Usera, que se ubicaba en una esquina de un campo de fútbol de tierra y con apenas 200 personas en las gradas, se ha ido como se merece, en una plaza de toros, por la puerta grande, arropado por miles de seguidores y coronado como bicampeón mundial y mejor boxeador español de todos los tiempos.

No podía ser de otra manera. La Cubierta se vistió de gala. Más de 8.000 personas llenaban el Coliseo. Estábamos todos, si, todos los enamorados del boxeo para despedir al mejor boxeador que ha dado España. El ambiente era espectacular y vibrante. El público rujia a medida que se aproximaba el combate de fondo.

Nadie decepcionó. El convidado de piedra a la velada, Pablo “Huracán” Navascués, fue un ejemplo de coraje y pundonor. La salida al ring fue indescriptible. En primer lugar el presunto "invitado" Pablo Navascués, apoyado por una gran multitud de seguidores. Sonó la mítica canción que el cine inmortalizó en la película “Huracán Carter” y pasado el momento cumbre de la salida del boxeador, se vivió el éxtasis de la salida al ruedo del maestro. Espectacular fue la mezcla de luces, humo y láser que junto con las presentaciones que precedieron a la canción "Lince" compuesta en honor de Castillejo por "AMSET". Javi, se gustó en la salida, la plaza se volvió loca por intentar tocarle. La salida duró y fue quizás el momento más emocionante. Estar en La Cubierta y escuchar la canción de "Lince" ha sido uno de los acontecimientos más emocionantes que he vivido y nunca olvidare.

Las presentaciones hicieron vibrar el escenario. La afición dividida. Un derby en toda regla. Está claro que el Boxeo volvió a estar muy vivo durante unas horas. Posteriormente volvió a ser olvidado por la prensa, magnates y demás hijos de puta que desprecian este humilde deporte.

La fiesta llego a su fin. ¿El resultado? Creo que un nulo. Daba igual. Los dos han tenido una retirada soñada, plagada de aplausos, reconocimiento, cariño, deportividad y nobleza. No fue un combate, fue una fiesta.

Una noche mágica e inolvidable, de película, intensa, emotiva, vibrante y llena de emociones que nadie quiso perderse. Difícil que se vuelvan a repetir momentos tan emotivos como los que se vivieron, con un caluroso recibimiento a Navascués, una plaza de toros, llena hasta la bandera, puesta en pie para recibir como era de merecer al 'Lince de Parla' y una pelea a la altura de las circunstancias. El lince Ibérico en peligro de extinción salio del monte para deleitarnos con su último lance.
Por un día los boxeadores fuimos los protagonistas y nuestro Rey fue Javier Castillejo. Hasta siempre ¡campeón!

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13 abril 2009

El boxeo como metáfora de la vida

“…en el boxeo tienes que luchar contra el rival. En la vida hay que luchar contra nosotros mismos”

No se sí, realmente, fui yo quien descubrió el boxeo o, por el contrario, el boxeo quien me descubrió a mí. Pero lo cierto es que desde que empecé a practicar este deporte al que algunos denominan “el noble arte” desde hace más de cinco años no he podido despegarme de él desde entonces, entrenando, asistiendo a veladas, informándome y escribiendo.

Tiene fama de “violento” pero el boxeo es algo más que un simple deporte, es un estilo o forma de entender la vida. Todo aquel que nunca se haya subido a un cuadrilátero no puede saber lo que es el deporte de las 16 cuerdas. La vida es una metáfora del boxeo, o al revés, el boxeo es una metáfora de la vida.

Sacrificio, honor, valor, esfuerzo, pundonor, disciplina, fidelidad… estos son los valores primordiales de mí deporte, es por ello que la persona que no posea estos principios, por supuesto que no le gustara el boxeo, sino otros deportes de los llamados mayoritarios que gustan a todo el mundo.

Un día oí decir que “la vida es como el boxeo, das y recibes golpes”, y lo cierto es que esta frase es verdad, en la vida como en el boxeo se reciben multitud de golpes pero, para mí, y como he dicho en repetidas ocasiones los golpes que más duelen son los que da la vida. Pues, no es más fuerte el que no cae, sino el que antes se levanta porque te tienes que levantar aunque te hayan tumbado y nunca tirar la toalla.

En el mundo del pugilismo los boxeadores son campeones aunque nunca se hayan subido a un ring, porque en muchos casos han ganado el combate de la calle.

Este deporte “canalla” ha sacado de la calle y la marginalidad a muchos jóvenes que si no hubieran conocido el boxeo habrían acabado con una puñalada en la espalda o en el banco de un parque con una sobredosis. Pues, el boxeo es un excelente canalizador de la agresividad y elemento de integración social para jóvenes desfavorecidos o conflictivos.

El boxeo tiene fama de ser oscuro y misterioso, es por ello que ha sido el deporte del que más películas se han realizado, pero en países como España posee muy mala fama alentada por la TV y ciertos despotricadores que carentes de los valores que antes he mencionado se han empeñado en destruir esta manera de entender la vida.

Hace unos días asistí a una velada inolvidable en el templo del boxeo nacional, la “cubierta” de Leganés, en donde Javier Castillejo “El Lince de Parla” disputó uno de sus últimos combates sobre el cuadrilátero en el recinto que le vio proclamarse campeón del Mundo en varias ocasiones. Y allí volví a corroborar la grandeza de este noble deporte.

En la vida como en el boxeo es más importante no encajar golpes que golpear al rival, de eso se trata, de provocar al rival, esquivar sus puños, mantener la distancia, la guardia siempre alta, ser noble, y en el momento que el rival se descuida, golpear. Aunque “ostias” las da cualquiera, pero eso no es boxeo.

La vida tiene varias etapas, en boxeo son asaltos; llega el momento de la madurez, en boxeo se pasa de amateur a profesional; se empiezan a tomar decisiones importantes, en boxeo se eligen los combates o se disputan campeonatos; en la vida te llevas alegrías, en boxeo victorias; también sufres desilusiones, en el boxeo derrotas; a veces tienes momentos de debilidad y piensas en dejarlo todo, en boxeo piensas en tirar la toalla; aunque hay un hecho muy paradójico y significativo: en el boxeo tienes que luchar contra el rival. En la vida hay que luchar contra nosotros mismos.

El público enfervorizado llena el Coliseo, lo púgiles son auténticos gladiadores que tienen que librar otro combate, la música alienta las masas, los boxeadores suben al ring, lanzan puños al viento, cruzan sus guantes, suena la campana: ¡segundos fuera!