Mi generación
La infancia es una de las etapas de la vida del ser humano que recuerda siempre con especial melancolía y, en mi caso, con especial añoranza. Pues, mis primeros pasos por la vida los di en Poyales de Hoyo, pueblo que ha marcado toda las etapas de mi existencia: infancia, adolescencia, juventud, madurez... y ha sido el nexo de unión con distintos amigos, todos ellos de la misma generación.Mi infancia trascurrió en Poyales del Hoyo, en aquel viejo colegio de “las eras” donde los pequeños nos divertíamos jugando en el patio a las canicas, al burro, intercambiando cromos, imitando a nuestro ídolos como los integrantes del “Equipo A” o “El coche fantástico”, etc., o soñando ser mayores.
Especial recuerdo tengo de las tardes de catequesis en la iglesia, pues antes de las clases jugábamos en el moral y en el popular kiosco de Eugenio comprábamos la revista “Tele indiscreta” para seguir nuestra serie favorita “V”. Otros días seguía mientras merendaba “Barrio Sésamo” con su carismático “Espinete” o la serie “Verano Azul” ya que me sentía identificado con la figura de Tito.
En el pueblo la infancia es distinta, nunca se me olvidaran aquellos dos canales que cuando emitían una película subida de tono nos mostraba los rombos y en ese momento sabias que no era apta para menores. Y aquel España-Malta o la final de la copa de Europa entre España-Francia lo vi en mi casa de Poyales situada en “la carretera”.
Mi grupo de amigos era muy reducido, éramos cuatro, cual de ellos más malo, y era habituales en nosotros la fechorías y delitos de baja índole, como aquella vez que atamos una cuerda en medio de la carretera para obstaculizar el paso a los coches o el asalto de obras y huertos, hacer cabañas, fogatas... En fin, no teníamos otra diversión.
Y que decir del día que vi la película ET. Pienso que tanto el que escribe como el que lee nunca se le olvidara.
Con mi llegada a Talavera de la Reina con nueve años mi vida cambio por completo. Eran los tiempos de Heidi, Marco, Pipi o la Quinta del Buitre. Llego la edad del pavo y las inquietudes iban cambiando, escuchaba a Hombres G y su popular canción “Sufre Mamón” o Marta Sánchez y su “Soldados del amor”. Al pueblo continuaba yendo frecuentemente y mis amistades fueron cambiando, me juntaba con un grupo de chicos que vivían por “la plaza” que era como nos llamaba la gente y para verano configuramos un equipo de fútbol llamado “los Bebes” para jugar los campeonatos de futbito en el campo de “las lanchuelas”.
Un hecho significativo era cuando cambiabas de bicicleta, eras la envidia de las amistades o aquella moda que se puso de los monopatines ¿os acordáis? Y con la edad te ibas fijando en otras cosas, prestabas importancia a las chicas con las que jugabas a la “botella”, “beso, verdad o atrevimiento”, “las tinieblas”… y en verano ibas a la terraza de “la higuera” o al famoso “puente chico” para fumarte tú primer cigarro a escondidas.
Y que decir cuando llegaban las fiestas de verano que tus padres te dejaban hasta las tantas de marcha, éramos las personas más libres y felices del mundo. La carretera se llenaba de gente, la calle de la “cafetería Javi” se plagaba de personajes de toda índole y por la mañana a las vaquillas ibas de empalme. Pero lo mejor de todo era después de la capea tirar a la gente a la fuente de los cuatro caños. Estabas deseando que te tiraran para poder tirar a los demás, especialmente a las chicas. 
Para muchos Poyales ha sido el lugar donde dieron su primer beso o donde conocieron a su futura pareja, para otros, el lugar donde crecieron como personas.
En verano, mi generación se pasaba los meses de julio y agosto en el pueblo disfrutando del río Arbillas y su charco de “las Virtudes” o “las hoyas”, por entonces la parte alta del río era desconocida para nosotros. Por las mañanas, un grupo de malos estudiantes nos concentrábamos en un garaje de la carretera para estudiar las asignaturas suspensas con “Mari Pili” y su hermano “Pedro”, pero, aparte de estudiar era un lugar en donde hacías nuevas amistades y te lo pasabas bien.
También en verano empezaron las primeras salidas a las fiestas de los pueblos de alrededor, sobretodo a Candelada, con su tradicional “bodeguilla” que tenía los cubatas a 200 pelas y la discoteca “Gredos” que para muchos ha sido la primera discoteca que pisaban en la vida. Para esas noches se solía lucir las mejores galas, los históricos Levi´s 501, el polo Lacoste o aquellas camisetas de “Acid House”.
Llegó el salto al instituto y las inquietudes seguían creciendo, algunos empezaron a afeitarse por primera vez y otros se ponían pendientes o dejaban el pelo largo. Para verano se pusieron de moda las motos scoter o vespino para ir al río o al campo de fútbol y era típico llevar a alguien de paquete a todos los lados y sin casco.
Mi generación ha sido única, creció con la ilusión por vivir, reír, disfrutar, descubrir, nuestras principales señas de identidad eran la libertad y la felicidad. Han transcurrido muchos años desde entonces pero todavía continúo visitando ese pueblo que me vio crecer y mantengo un grupo de amigos de esa generación en la que todos teníamos nuestros propios sueños. Pasado el tiempo espero que todos esos sueños se hayan cumplido.
