Hace unas semanas el cordobés Julio Anguita realizó unas manifestaciones en las que declaraba: “me gustaría volver a ser diputado por un solo día y decir desde el estrado: ¿y ahora qué, hijos de puta?”. Anguita sostiene que la actual crisis económica se debe a las políticas neoliberales y capitalistas auspiciadas por los gobiernos de los últimos 30 años. Ha asegurado que el sector financiero ha ido cobrando cada vez más protagonismo en “detrimento de las rentas del trabajo, que volverán a pagar la crisis”.
Desde este blog anticapitalista y revolucionario suscribo las palabras del andaluz, pues España es el feudo de unos pocos que explotan a otros muchos y esto tienen un nombre: economía especulativa, basada en engordar las plusvalías al servicio de los bancos, las multinacionales, monarquía, políticos, sindicatos y demás hijos de puta del sistema neoliberal-partitocratico.
Con la llegada del euro, la globalización y la incursión masiva de inmigrantes a Europa nos intentaban vender “la moto” diciendo que se habría un nuevo tiempo de oportunidades, sin embargo lo que nos venía encima era un periodo de injusticias y explotaciones. Los ricos se han vuelto más ricos a costa de los pobres y los pueblos europeos han perdido su identidad a costa del mundialismo.
Pero, lo que realmente hay detrás de la crisis económica y financiera es una crisis social por la deshumanización de la persona a través del materialismo y el egoísmo. La solución es la recuperación de los Valores, los Principios, la Moralidad y la Identidad para asestar el espadazo definitivo al liberalismo-capitalismo, tal y como lo hizo el héroe mitológico Sigfrido, no sólo hay que matar a la bestia, también hay que bañarse en su propia sangre. De esta manera, volverá a regir la verdad y la justicia.
El ser humano ha perdido su personalidad en detrimento de lo superficial, ya que la competitividad y el materialismo son sus líneas primordiales de actuación y estas lo único que hacen es crear innumerables frustraciones, complejos e insatisfacciones personales que llevan al individuo a consumir y sustituir lo personal por lo material. Cuando el camino hacia la felicidad empieza y acaba en nosotros mismos.
Es por ello que, a parte de la crisis financiera, lo que verdaderamente existe es una crisis en la escala de valores que si no conseguimos solventar sucederá lo que en otras ocasiones: “en última instancia, a la civilización la salva siempre un pelotón de soldados”.