Cuando vestíamos de negro
Hace ya algún tiempo que hemos dejado de patear las calles y los parques, hace ya mucho tiempo que no vestimos de negro. Pues, últimamente en mi núcleo de amistades son frecuentes, cada vez más, el recuerdo y, porque no decirlo, la nostalgia, de tiempos pasados en los que fuimos los primeros del mañana, no los últimos del ayer.
Los años han ido pasando pero siempre quedará en nuestro interior añoranzas de tiempos mejores en los que éramos más rebeldes y no teníamos miedo a nada ni a nadie. Siempre estábamos metidos en líos y problemas pero no nos preocupaba en absoluto las consecuencias de nuestras desdichas.
Todos tenemos “batallitas” acaecidas a lo largo de nuestras vidas, sobre todo, cuando fuimos más jóvenes, ya que la falta de pudor en determinadas circunstancias era lo que nos empujaba a acometer actos que, en muchos casos, rozaban el delito. Y, posteriormente, lo más emocionante era contarlo con los colegas y revivir aquellos hechos entre carcajadas y alivio de la que nos había podido caer, en algunos casos, un duro castigo.
Pasados los años nos acordamos de estas “batallitas” y no me canso de contarlas y oírlas, pero lo que se esconde detrás de estas historias es la melancolía del pasado en las que no estábamos cargados de responsabilidades ni aprietos, por ello éramos más libres de nosotros mismos y de nuestros actos. Ahora, el simple recuerdo de esa época me llena de orgullo porque sé que he aprovechado el tiempo y, lo más importante, que todos los que me acompañaban en esos momentos siempre permanecerán en mi memoria.
Nunca se me olvidarán esas aventuras y mucho menos mis compañeros de batallas. Batallas acontecidas en distintos lugares, Poyales del Hoyo, Talavera de la Reina y Madrid, pero con un mismo elemento en común: vestíamos todos de negro.
Los años han ido pasando pero siempre quedará en nuestro interior añoranzas de tiempos mejores en los que éramos más rebeldes y no teníamos miedo a nada ni a nadie. Siempre estábamos metidos en líos y problemas pero no nos preocupaba en absoluto las consecuencias de nuestras desdichas.
Todos tenemos “batallitas” acaecidas a lo largo de nuestras vidas, sobre todo, cuando fuimos más jóvenes, ya que la falta de pudor en determinadas circunstancias era lo que nos empujaba a acometer actos que, en muchos casos, rozaban el delito. Y, posteriormente, lo más emocionante era contarlo con los colegas y revivir aquellos hechos entre carcajadas y alivio de la que nos había podido caer, en algunos casos, un duro castigo.
Pasados los años nos acordamos de estas “batallitas” y no me canso de contarlas y oírlas, pero lo que se esconde detrás de estas historias es la melancolía del pasado en las que no estábamos cargados de responsabilidades ni aprietos, por ello éramos más libres de nosotros mismos y de nuestros actos. Ahora, el simple recuerdo de esa época me llena de orgullo porque sé que he aprovechado el tiempo y, lo más importante, que todos los que me acompañaban en esos momentos siempre permanecerán en mi memoria.
Nunca se me olvidarán esas aventuras y mucho menos mis compañeros de batallas. Batallas acontecidas en distintos lugares, Poyales del Hoyo, Talavera de la Reina y Madrid, pero con un mismo elemento en común: vestíamos todos de negro.