18 noviembre 2008
04 noviembre 2008
Mi reencuentro con el "príncipe"
Hace exactamente dos años este blog se hizo eco en uno de sus artículos, en concreto: “el día que no di la mano al príncipe”, de mi negación en unos actos institucionales a estrechar la mano a este individuo, argumentando una serie de motivos morales.Pues bien, hace unos días en Granada me he vuelto a reencontrar con este sujeto despreciable, aunque esta vez no tuve la desgracia de tener que dar mi humilde mano, y, si hubiera sido así, de nuevo, no la hubiera ofrecido. En esta ocasión iba acompañado de “la leti”, una autentica “comebolsas” de aspecto anoréxico que desprendía risas y saludos entre la plebe.
Han cambiado muchos las cosas desde entonces, creo que a peor, pues solo hay que mirar el panorama desolador que cubre nuestra querida tierra, cargada de injusticias mientras el heredero al trono prosigue con sus privilegios y lujos.
Sin embargo, ha habido felices noticias desde esa fecha tan magnifica para mi ego, por ejemplo, que unos grandes amigos se han casado, otros se han ido a vivir juntos, unos cuantos van a ser padres por primera vez, también los hay que se han emancipado, echado novia, enamorado, cambiado de trabajo, uno ha vuelto de Inglaterra para quedarse con nosotros, de otros hemos vuelto a tener noticias, recuperado viejas amistades y echado nuevas, y, a buen seguro que muchos han cumplido sus sueños e ilusiones, de lo cual me alegro.
Hay otros, que prosiguen luchando con la vida como si se tratara de un combate boxístico, solos ante la vida, sin que nadie les ayude y cada asalto más solos, con la única intención de ganar el combate y no arrojar nunca la toalla.
Pero siempre, por mucho que cambie la vida, habrá un nexo de unión entre todos: la amistad, palabra olvidada en estos tiempos malditos donde este magnifico término ha sido sustituido por el interés y la envidia.
Es por ello que, mientras observaba al principito como se reía rodeado de politicuchos sin escrúpulos, usureros y explotadores, me acordaba lo mucho que ha cambiado la vida desde la última vez que le vi. Pero seguro que este innombrable no ha tenido la fortuna de disfrutar de las amistades y momentos inolvidables que yo he tenido en estos dos últimos años, a pesar de su riqueza y tener más derechos que el resto de españoles.
Ahora, espero que pase mucho tiempo hasta volver a verle, y si es así, espero que la vida les haya seguido dando alegrías a mis amigos y lectores, ya que otros no tendrán esa suerte.
La vida sigue y, “…cuando nos necesiten o nos inviten para levantar la poesía que promete, no fallaremos jamás. Pero además queremos seguir luchando para que se cumplan las promesas de la poesía que levantamos o un día la poesía va a cansarse de prometer…”.