23 octubre 2008

Callejeros

Hace unos días de camino al centro de trabajo aprecie como una persona de avanzada edad rebuscaba en el interior de unos cubos de basura con la firme intención de encontrar un “tesoro” para cubrirse o llevarse a la boca. Este acto me tendría que sorprender pero, en la actualidad, hemos hecho habituales una serie de acciones que, en otras épocas o en otros países, son inadmisibles.

Pues en pleno siglo veintiuno, en esta España de las libertades y del todo vale, hay gente que tiene que rebuscar entre la basura para comer o vestirse. Hay comedores que han vuelto a llenarse para comer, como los centros de Cáritas que en algunas ciudades se han visto desbordados ante la avalancha de “hambrientos”.

Esta circunstancia me llevo a recordar un programa que desde hace años una cadena de TV emite la noche de los viernes, en donde unos reporteros se adentran en barrios conflictivos y desarraigados de ciudades de España para hacernos ver el estilo de vida de sus vecinos.

Este blog recomienda este programa a todo el mundo como cura de humildad para conocer la otra España, la de las victimas del capital y la partitocracia: indigentes, drogadictos, desfavorecidos, desposeídos, sufridores… pobres en general que, o no han tenido una oportunidad o, simplemente, han sido victimas de discriminación e injusticias.

Es muy bonito mirar a otro lado mientras en las calles de muchas ciudades se pasa hambre o se viola el derecho más fundamental: la libertad. Lo políticamente correcto es silenciarlo e, incluso, ignorarlo porque no es beneficioso para el progreso del país, cuando en España esta creciendo la pobreza.

Un estudio reciente sitúa a España con las tasas de pobreza infantil más alta de Europa. El 20% de la población española, 9 millones sobre 45 censados, vive en el umbral de la pobreza y el 24% de los niños menores de 17 años se encuentran próximos, en concreto, el estudio afirma que en España hay 1,7 millones de menores en situación de riesgo.

Hace unos días los gobernantes han salido en la ayuda de los usureros, es decir, la banca, para quitar el dinero a los pobres y dárselo a los ricos, al contrario de lo hacía Robin Hood, pues ese dinero sale de las arcas del Estado. Una actitud muy demócrata de los creadores de los GAL, el terrorismo de estado, Filesa, la corrupción o el pelotazo, no esperaba menos de ellos.

Mientras, los sindicatos vendidos al sistema miran a otro lado, no va con ellos, los periodistas tres cuartos de lo mismo y a la corona se le sube el presupuesto este año.

Ante este paraje desolador, el anciano continúa rebuscando en la basura añorando otros tiempos en donde la justicia, la moralidad y el respeto a los mayores eran elementos inmutables para la convivencia. Ahora, desolado sin saber que será de su vida malvive en la España del capital y el progreso para que empresarios especuladores, gobernantes inhumanos y usureros vivan egoístamente siendo ejemplo para parte de la grey.

Al subir a la oficina miro por la ventana y aprecio como el anciano camina tristemente sin rumbo con una bolsa entre las manos llena de “tesoros”. Me siento en mi mesa, enciendo el ordenador, entro en Internet y lo primero que veo es que ha caído la bolsa: ¡que se jodan!

07 octubre 2008

Dios vuelve en una Harley

Los libros son como las semillas que lanzas al viento en el campo, que depende de donde caigan, pueden o no florecer. Y es que hay libros que están destinados a remover conciencias, despertar inquietudes, emocionar o llegar a cambiar la vida, pero dependiendo de las manos que caigan pueden o no causar efecto.

Todo esto viene dado porque hace unos días me recomendaron el libro “Dios vuelve en una Harley” de la escritora Joan Braday y me animé a leerlo. Debo reconocer que ha sido el libro que más me ha cautivado de toda mi vida, también depende mucho del estado emocional, anímico o personal del momento de leerlo, pero es de esos libros que si no te conmueven espiritualmente es que no tienes corazón.

Christine es una enfermera con una figura que no se ajusta a los cánones de belleza actual y pocas esperanzas de encontrar al hombre con quien compartir su futuro. Lo que no sabe es que Dios ha vuelto a la tierra para entregarle unas simples reglas de vida, acorde con nuestros tiempos, que harán de ella una mujer nueva y libre. Aunque vista chupa de cuero y cabalgue en una Harley, en sus ojos se halla la sabiduría y en sus palabras sencillas descubrimos lo que siempre habíamos sospechado: el camino hacia la felicidad empieza y acaba en nosotros mismos.

Las seis reglas que recomienda son:

1. No levantes muros, pues son peligrosos. Aprende a traspasarlos.
2. Vive el momento, pues cada uno es precioso y no debe malgastarse.
3. Cuida de tu persona, ante todo y sobre todo.
4. Prescinde del amor propio. Muéstrate tal y como eres, dando tu amor pero sin renunciar a ti misma.
5. Todo es posible en todo momento.
6. Sigue el fluir universal. Cuando alguien da, recibir es un acto de generosidad. Pues en esa entrega, siempre se gana algo.

Por medio de estas normas, la protagonista empieza a encauzar su vida, disfrutar de cada momento, ser natural, no prestar más importancia a las cosas, ser menos egoísta y, lo más importante, dar sin esperar nada a cambio. Estas normas las podemos aplicar todos en la actualidad y, a buen seguro, que seremos más felices. Pues, actualmente el ser humano se ha desprendido de su personalidad para disfrazarse de lo que la sociedad o el sistema le interesa, sin darse cuenta que es más importante mirarse dentro de uno mismo que en el espejo.

Por medio de este libro nos enseña a ser nosotros mismos y nunca perder nuestra identidad, porque la verdad y la felicidad esta en el interior de cada persona.

He de añadir que todas las experiencias gratificantes que he tenido en la vida han venido dadas por la naturalidad y personalidad de uno mismo y los que te rodean. Lo demás es solo mentira.