La verdad duele
A menudo las personas me sorprenden cada vez más, tanto para lo bueno como para lo malo, e, incluso, nosotros mismos creemos que nos conocemos pero hasta que no atraviesas determinadas circunstancias no sabes como reaccionar. Además, si se trata de tema de sentimientos la respuesta es más sorprendente e inesperada si cabe.
Pues, a lo largo de la vida nos topamos y relacionamos con un sin fin de personas que habitan a nuestro alrededor: amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familiares, colegas de cañas, etc. Y la impresión de ellos cambia según se van dando determinadas circunstancias o problemas, de ahí que pueda variar la impresión y relación con una persona de inmediato.
Con el pasar de los años tanto los hombres como las mujeres cambiamos, pero siempre hay determinadas personas que siguen siendo fieles a sus principios y su moralidad esta por encima de todo, otros, por el contrario, te traicionan o se venden al becerro de oro o la comodidad.
Todo esto viene a colación porque la vida hace poco me ha vuelto a sorprender. En un determinado aspecto para lo bueno y, en otro, para lo malo.
Hace unos días por la noche me presentaron a un chico invidente, tendría unos 35 años y a pesar de su discapacidad visual rebosaba alegría y unas ganas de vivir tremendas. En ese momento empecé a reflexionar sobre lo injusta que es la vida por quejarme y no reconocer que soy auténtico privilegiado, ya que otras personas no tienen las mismas oportunidades o posibilidades pero no por ello dejan de sonreír.
Otro hecho significativo fue el toparme con un sujeto de aspecto desarraigado que vestía una prenda, en concreto una sudadera de la marca Ben Sherman, que días atrás había donado junto con más ropa al centro local de Cáritas. Me quede perplejo de ver como mí prenda era lucida con total naturalidad y orgullo por una persona que, a buen seguro, había sido una victima de este sistema injusto y cruel que es el capitalismo. Otra lección que me lleve.
También me acorde de mí experiencia en la objeción de conciencia que transcurrió en un centro de disminuidos físicos que a pesar de sus tremendas limitaciones y problemas me daban día tras día lecciones de valor, amistad y sacrificio. Siempre he dicho que ha sido la experiencia más gratificante de mí vida y aprendí mucho, sobre todo, como persona. Más de uno debería pasar por algo parecido para saber lo que es la vida, pues estas personas olvidadas por el estado son españoles como el resto y tiene los mismos derechos, pero claro, como no tienen capacidad o poder adquisitivo suficiente para consumir y servir al capital son aislados y marginados. Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos.
Se suele decir que la verdad duele, por eso hay cosas que no nos atrevemos a ver o hacemos oídos sordos a ciertas opiniones o, en otros casos, no se leen artículos que podían abrir los ojos o remover la conciencia.
Y es que hay individuos que con el pasar de los años cambian hacia posiciones chulescas, egocéntricas y traicioneras, vamos lo que se suele llamar “un vendido”. La comodidad y el materialismo son sus principales compañeros, ya que es el medio en el que encuentran su felicidad o esconden sus frustraciones, y si hablamos del aspecto sentimental, suelen cambiar de amistades o costumbres para sentirse integrados en un ambiente que este a su altura. Señal inequívoca de su inseguridad y baja autoestima.
A estos personajes es fácil descubrir, son superficiales y envidiosos, sus conversaciones son siempre sobre aspectos materiales y el “tanto tienes tanto vales” es habitual para crear su opinión. Dime de que presumes… y te diré de qué careces.
Por otro lado, apartan a las amistades de toda la vida dejándolas a un lado secundario, su principios y valores cambian y la moralidad esta totalmente vendida al pensamiento único imperante, o suelen utilizar a esas amistades por puro interés. Y es común en ellos tener pensamientos que, a la hora de llevarlos a la práctica, no se ejecutan sino que son totalmente despóticos, intransigentes y clasistas.
Seguramente que no habrá ningún aludido que se ubique en este grupo que he mencionado. Eso también es habitual en ellos.
En el lado opuesto se encuentran esas personas que nunca te dejan de lado, son de esos que siempre te animan y se sacrifican, pues esa maravillosa palabra llamada amistad esta por encima de todo. Su honor es la fidelidad.
Personas por las que merece la pena vivir y gracias a ellos le encuentras significado a la vida porque sabes que siempre están ahí y eso te trasmite confianza. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
Y no hay que centrarse en el tema de amistades, el estilo de vida, opiniones y actuaciones de determinados individuos muestra a la perfección su personalidad. Pero, la vida da muchas vueltas y, con estos tiempos que corren, quien siembra viento recogerá tempestades.
Este artículo del blog no pretende ofender o enjuiciar a nadie sino revelar actuaciones del comportamiento humano y su evolución, pues como medio de expresión libre debe mostrar comentarios sobre todo lo que le rodea y afecta; y hacer ver que “las apariencias engañan”.
Pues, a lo largo de la vida nos topamos y relacionamos con un sin fin de personas que habitan a nuestro alrededor: amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familiares, colegas de cañas, etc. Y la impresión de ellos cambia según se van dando determinadas circunstancias o problemas, de ahí que pueda variar la impresión y relación con una persona de inmediato.
Con el pasar de los años tanto los hombres como las mujeres cambiamos, pero siempre hay determinadas personas que siguen siendo fieles a sus principios y su moralidad esta por encima de todo, otros, por el contrario, te traicionan o se venden al becerro de oro o la comodidad.
Todo esto viene a colación porque la vida hace poco me ha vuelto a sorprender. En un determinado aspecto para lo bueno y, en otro, para lo malo.
Hace unos días por la noche me presentaron a un chico invidente, tendría unos 35 años y a pesar de su discapacidad visual rebosaba alegría y unas ganas de vivir tremendas. En ese momento empecé a reflexionar sobre lo injusta que es la vida por quejarme y no reconocer que soy auténtico privilegiado, ya que otras personas no tienen las mismas oportunidades o posibilidades pero no por ello dejan de sonreír.
Otro hecho significativo fue el toparme con un sujeto de aspecto desarraigado que vestía una prenda, en concreto una sudadera de la marca Ben Sherman, que días atrás había donado junto con más ropa al centro local de Cáritas. Me quede perplejo de ver como mí prenda era lucida con total naturalidad y orgullo por una persona que, a buen seguro, había sido una victima de este sistema injusto y cruel que es el capitalismo. Otra lección que me lleve.
También me acorde de mí experiencia en la objeción de conciencia que transcurrió en un centro de disminuidos físicos que a pesar de sus tremendas limitaciones y problemas me daban día tras día lecciones de valor, amistad y sacrificio. Siempre he dicho que ha sido la experiencia más gratificante de mí vida y aprendí mucho, sobre todo, como persona. Más de uno debería pasar por algo parecido para saber lo que es la vida, pues estas personas olvidadas por el estado son españoles como el resto y tiene los mismos derechos, pero claro, como no tienen capacidad o poder adquisitivo suficiente para consumir y servir al capital son aislados y marginados. Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos.
Se suele decir que la verdad duele, por eso hay cosas que no nos atrevemos a ver o hacemos oídos sordos a ciertas opiniones o, en otros casos, no se leen artículos que podían abrir los ojos o remover la conciencia.
Y es que hay individuos que con el pasar de los años cambian hacia posiciones chulescas, egocéntricas y traicioneras, vamos lo que se suele llamar “un vendido”. La comodidad y el materialismo son sus principales compañeros, ya que es el medio en el que encuentran su felicidad o esconden sus frustraciones, y si hablamos del aspecto sentimental, suelen cambiar de amistades o costumbres para sentirse integrados en un ambiente que este a su altura. Señal inequívoca de su inseguridad y baja autoestima.
A estos personajes es fácil descubrir, son superficiales y envidiosos, sus conversaciones son siempre sobre aspectos materiales y el “tanto tienes tanto vales” es habitual para crear su opinión. Dime de que presumes… y te diré de qué careces.
Por otro lado, apartan a las amistades de toda la vida dejándolas a un lado secundario, su principios y valores cambian y la moralidad esta totalmente vendida al pensamiento único imperante, o suelen utilizar a esas amistades por puro interés. Y es común en ellos tener pensamientos que, a la hora de llevarlos a la práctica, no se ejecutan sino que son totalmente despóticos, intransigentes y clasistas.
Seguramente que no habrá ningún aludido que se ubique en este grupo que he mencionado. Eso también es habitual en ellos.
En el lado opuesto se encuentran esas personas que nunca te dejan de lado, son de esos que siempre te animan y se sacrifican, pues esa maravillosa palabra llamada amistad esta por encima de todo. Su honor es la fidelidad.
Personas por las que merece la pena vivir y gracias a ellos le encuentras significado a la vida porque sabes que siempre están ahí y eso te trasmite confianza. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
Y no hay que centrarse en el tema de amistades, el estilo de vida, opiniones y actuaciones de determinados individuos muestra a la perfección su personalidad. Pero, la vida da muchas vueltas y, con estos tiempos que corren, quien siembra viento recogerá tempestades.
Este artículo del blog no pretende ofender o enjuiciar a nadie sino revelar actuaciones del comportamiento humano y su evolución, pues como medio de expresión libre debe mostrar comentarios sobre todo lo que le rodea y afecta; y hacer ver que “las apariencias engañan”.

