Soy del Hoyo
Al sur de la provincia de Ávila, en pleno Valle del Tietar, se encuentra Poyales de Hoyo. Para llegar al pueblo se conduce por una camino sinuoso cargado de romanticismo por los pinos altos y frondosos que se juntan por encima de la carretera, poco antes se divisa el río Arbillas de aguas cristalinas, al pasar por su puente se contempla a la izquierda el charco “los médicos” con su bella cascada y al final el puente romano que desde tiempo inmemorial sigue aguantando el pasar de los tiempos.A pocos metros bajamos hasta las lanchuelas, en donde el campo de fútbol se mantiene con un puñado de chavales inquietos qu
e golpean el balón. Y, a pocos metros, el visitante se sorprende al toparse con un pueblo que no esperaba. Nada más llegar contemplamos las casas de blanco encalado en sus fachadas o pardas como la tierra castellana, sus calles estrechas y calzadas de piedra sin asfaltar nos trasladan a épocas pasadas por nuestros ancestros. Las fuentes son frecuentes en el pueblo y es muy probable encontrarse con un rebaño de vacas o cabras por las calles.A la llegada a la plaza del moral se divisa la iglesia y el Ayuntamiento, así como un balcón antiquísimo y, los más ancianos del lugar, se amontonan en los soportales contando historias de las tres guerras: la carlista, la de cuba o la civil.
Poyales no tiene metro pero esta hueco, ya que un sin fin de cuevas habitan por el subsuelo desde la guerra civil, pues los hoyancos se escondían del enemigo en ellas.
“Andorrilla Avilesa” la denomino Camilo José Cela, pero Poyales esta situado en la ladera sur de Gredos abarcando sus tierras desde la barrera hasta las vegas con un clima suave, de ahí, la excelencia de sus campos y frutos, especialmente los higos.
Los autóctonos suelen utilizar palabras del castellano antiguo y la inmensa mayoría tiene apodos: risuni, pikete, cojillo, cachacha, mechas, arive, rocke, diecinueve, cabo, chega, serapio, etc. y a sus lugares se les denomina con un topónimo singular: el rinconcillo, los tasqueros, el tejar, el chorro, los lanchares, el collaillo, el mazo, las cantinas, las vegas, etc…
El silencio es uno de los principales atractivos de Poyales del Hoyo, se puede caminar por sus calles en compañía de la soledad y el olor a romero sin toparte con ningún viandante, a excepción de las fiestas, ya que los emigrantes que partieron a la ciudad regresan para visitar a sus familias.
Fue el pueblo que me vio crecer, para otros, el pueblo en el que empezaron a dar sus primeros pasos por la vida, a descubrir amistades, amores, nuevas experiencias, etc. Y a buen seguro que todos tenemos un buen recuerdo de nuestro querido pueblo, porque aunque algunos hayan dejado de ir, en su interior siempre tendrán algo que les hace distinto a los demás: el ser hoyanco. Y es que los hoyancos están repartidos por toda España, pues es usual encontrarse a gente de Poyales por todos los rincones de la geografía, llenándote de orgullo y satisfacción de encontrar a un paisano. En ese momento se utiliza la vieja frase: “el mundo es un pañuelo”.
A mi pueblo le debo agradecer muchas cosas, entre ellas, mi infancia o las amistades que aún mantengo y que me acompañaran durante toda la vida, para otros, ha sido el lugar donde han conocido a su pareja. El Hoyo ha sido para muchas generaciones el vínculo de unión de muchas personas. Las características de los hoyancos son comunes: sentido del humor, alegría, ganas de cachondeo las 24 horas, divertidos, afición por los bares y la fiesta, amigables, de tradición cantaora y bailaora, y, sobre todo, buena gente.Creo que mi vida no hubiera sido igual sin mi pueblo, todo hubiera sido distinto, es por ello que me alegro profundamente de haber nacido hoyanco.

