Báilame el agua
Hace unos días en la estación de Atocha de Madrid me sucedió una experiencia que todavía no he logrado olvidar. Pues, estaba esperando a un compañero procedente de Sevilla para una serie de reuniones y visitas técnicas profesionales y, durante la espera en la mencionada estación, se me acerco una chica de unos 30 años con aspecto callejero que con una sonrisa me pidió una ayuda económica. Ante tal situación, me vino a la cabeza una escena de la película “báilame el agua” en la que otra chica joven en una estación de bus pedía dinero a los viandantes con la excusa de pillar un autobús, aunque finalmente el dinero era destinado a sobrevivir en la calle.Pero, en esa ocasión, nuestra protagonista trasmitía imagen de “jonky” debido a los numerosos pinchazos que se apreciaban en sus brazos y su manera de expresarse.
Generalmente no suelo dar dinero y cuando me lo solicitan pongo alguna excusa tipo “no tengo suelto” o algo similar, pero en ese momento saque mi monedero y la di dos euros, más que nada, porque me recordó a la escena de la película.
La chica, de forma natural me deseo un caluroso “que tengas un buen día” pero mi respuesta fue “no se yo” debido al día que me esperaba, tras la respuesta, la chica se me acerco, de nuevo, y me hizo un comentario sorprendente: “mi madre me dio una vez un consejo, todo lo que te pase en la vida, sea bueno o malo, siempre será para bien”. La chica se alejo, pero me dejo totalmente atónito y durante todo el día estuve dándole vueltas al consejo.
Pues, una chica joven con problemas de drogadicción, desarraigo familiar, vulnerable y victima del sistema, me trasmita un consejo que en su día le dio su madre y, de esta manera tan emotiva, me demostró que, a pesar de lo mucho que nos quejamos, hay que dar gracias por la suerte que estamos teniendo en la vida, ya que otras personas, por distintas circunstancias, no han tenido esa suerte y están en la calle sin hogar, familia, dinero, enganchados a las drogas, pero, que como esta chica mantiene la ilusión y las ganas de disfrutar de la vida sin quejarse de la vida superficial, hedonista e injusta que padecemos.
A partir de ese día, cada vez que me sucede un acto con el que no estoy conforme o me salen las cosas mal, me acuerdo de esta chica que me abrió los ojos de lo afortunado que soy en la vida, porque, aunque no tengas nada, si se puede disfrutar de los más importante que tiene el ser humano, además de ser lo único que se le regala cuando nace: familia y libertad. Báilame el agua.