30 septiembre 2007

Trainspotting



"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige hipoteca a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"

Este es el monólogo inicial de la película “trainspotting” cuya filosofia de vida que presenta el personaje principal, Mark Renton, se resume en una pregunta: ¿para qué elegir la vida?

Pues desde pequeños nos proyectan una imagen “modelo” para triunfar en la vida, pero en esta película Mark no elige ese camino convencional, sino que elige no elegir la vida. Pero este pensamiento no solo hay que buscarlo en la película, sino en las calles de nuestros barrios o, en la actualidad, en las discotecas donde muchos jóvenes con un futuro cargado de esperanzas caen en el mundo de las drogas sin saber muy bien donde les va a llevar.

Las compañías son lo principal, pues si estas atravesando momentos de crisis personal es fácil caer en la tentación para desahogarse o evadirse de la realidad; y si alguno de los amigos consume algún tipo de estupefaciente y ofrece, hay que tener mucha personalidad para negarse a consumir.

Por otro lado, hay gente que consume drogas por falta de ilusión, la búsqueda de nuevas experiencias, integrarse en un grupo de gente o, simplemente, por vicio. Pero una vez que empiezas en este mundo es difícil salir, tal y como se puede apreciar en la película.

La relación con los amigos empieza a cambiar, y ya solo son amigos de fiesta e, incluso, solo les utilizas para “pillar”.

Pero, al igual que nos muestra “trainspotting” se puede salir de este mundo, lo único que hace falta es querer hacerlo y encontrar un motivo o ilusión, tal y como lo hizo Mark Renton.

La película concluye con un monólogo final que no tiene desperdicio:

“Voy a ser igual que vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolaje, teleconcursos, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de 9h a 5h, jugar bien al golf, lavar el coche, jerséis elegantes, navidades en familia, planes de pensiones, desgravación fiscal. Ir tirando, mirando hacia delante, hasta el día en que la palmes.”

14 septiembre 2007

Mi regreso al Bernabeu: Fiesta Real Madrid 30 ligas

Madrid, 17 de junio de 2007, Estadio Santiago Bernabeu, es la segunda parte del encuentro que enfrenta al Real Madrid contra el Mallorca y la expectación es máxima, pues si el equipo local gana el partido se proclamará campeón de liga.

Para tal acontecimiento, la empresa para la que trabajo, MIRADA CREATIVA, ha diseñado un espectáculo tanto en el estadio como en La Cibeles para celebrar las 30 ligas. Pero, el Real Madrid pierde 0-1 y la remontada se está haciendo esperar. El público congregado en el estadio se impacienta y el nerviosismo entre los responsables del espectáculo se hace latente, ya que llevamos trabajando varios días para este evento y es una pena que no se pueda disfrutar del show preparado para la celebración.

Yo soy el encargado de la coordinación de todos los actores, proveedores, animadores, creativos, productores, regidores y técnicos involucrados, por lo que mi nerviosismo es patente. Hasta que el Real Madrid remonta con varios goles lo que lleva a acrecentar mi nerviosismo, ya que es segura la celebración de las 30 ligas.

Una vez terminado el encuentro, los jugadores y el público congregado estallan en una euforia colectiva y, todos nosotros tomamos posiciones, hasta que los jugadores se retiran a vestuario y empiece el espectáculo.

Las luces se apagan y, empieza a entrar en el estadio desde un túnel del fondo sur, un globo gigante que, metafóricamente, representa al balón de fútbol. Por dentro una bailarina realiza acrobacias, hasta que empieza a sonar música combinada con efectos de luz y proyecciones multimedia. El speaker empieza a hablar y desde el túnel, como si se tratara de gladiadores, penetran bailarines que sostienen banderolas de color blanco para realizar una coreografía por todo el campo.

Saltan los jugadores al centro del estadio ovacionados por los aficionadas y en la vuelta de honor el confeti empapa a los hinchas madridistas que, junto con la pirotecnia sobre el cielo de Madrid, anuncia a los cuatro vientos que el Real Madrid ha ganado la liga.

Yo contemplo el show desde el túnel del estadio con un buen sabor de boca, ya que las previsiones sobre el espectáculo se están haciendo realidad, a pesar de que aprecio algunos fallos.

Una vez terminada la celebración en el Bernabeu, nos desplazamos a La Cibeles, en donde un D.J. anima a los aficionados congregados desde la tarde. A la llegada de los jugadores la Diosa contempla un espectáculo jamás visto: miles de globos salen desde la fuente al ritmo de la música de campeones junto a fuegos artificiales, y en el edificio de correos se proyectan imágenes multimedia de la historia del club. Posteriormente, siguiendo con la tradición, el capitán del equipo le coloca una bufanda.

Pero mi trabajo no terminó ahí, tenía que coordinar el desmontaje de todos lo equipos y que, tanto en el estadio como la plaza, no quedará ningún resquicio de que la noche anterior hubo celebración.

Una vez concluido el desmontaje me dirijo al hotel a descansar pero mi cabeza no para de dar vueltas sobre lo acontecido, y la alegría porque todo ha salido bien me invade. Pero, me vienen a la mente numerosos recuerdos sobre mi anterior etapa como hincha del Real Madrid, la cual prefiero olvidar, además llevaba sin pisar ese histórico estadio cerca de ocho años.

Pues, de pequeño me gustaba el fútbol, jugaba en el equipo del colegio y en los campeonatos veraniegos del pueblo, de ahí mi popular apodo JA JA JA, y, todos los fines de semana seguía a mi equipo, el Real Madrid.

Con los años esa afición se fue acrecentando y, en ocasiones especiales, presenciaba partidos en el estadio.

Hasta que me fui a estudiar a Madrid y asistía prácticamente a la mitad de los partidos que jugaba mi equipo en el Bernabeu e, incluso, no salía de marcha para tener dinero y ver al Madrid. Llegue hacer las famosas colas del Bernabeu durante horas y enfadarme muchísimo cuando mi equipo perdía. Se puede decir que el fútbol el general y el Real Madrid en particular eran mi pasión.

Pero con los años y con la dichosa ley Bosman, los jugadores se convirtieron en mercenarios, porque solo les importaba el dinero sin sentir los colores y la historia del club, se fichaban más jugadores foráneos que nacionales y a los chavales de la cantera no se les daba ninguna oportunidad. Y fue entonces cuando me di cuenta que el fútbol había cambiado, que se había convertido en un negocio, perdiendo así todo su romanticismo.

Mi desilusión se fue aumentando debido a que me sentía engañado y traicionado por el club que tanto había querido. Los jugadores cobraban unos sueldos astronómicos, lo cual me parece injusto, si lo comparamos con las desgracias e injusticias que ocurren en el mundo.

Todo esto, junto a que empezaba a tener otro tipo de inquietudes fue lo que propino mi desidia hacía el fútbol y, hoy en día, mantengo.

Posteriormente descubrí el deporte de las 16 cuerdas, es decir, el boxeo, y desde hace tres años lo practico semanalmente. Un deporte de valor, coraje, voluntad, esfuerzo y sacrificio. Ni punto de comparación con el balompié.

No me acuerdo cual fue el último partido que asistí para ver al Real Madrid y ni mi importa. He vuelto al estadio solo por motivos laborales y tiene mucho que cambiar ese deporte o mi vida para que vuelva.

Me levanto al día siguiente y ojeo la prensa para leer lo que cuenta sobre nuestro espectáculo, recorto algunas páginas y me dirijo a Talavera para seguir con mi vida. Por la tarde voy al gimnasio, me enfundo los guantes de boxeo y empiezo a sacudirle al saco: ¡segundos fuera!