26 julio 2007

Mi Camino de Santiago

Martes, 24 de julio de 2007, plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela. A las doce en punto de la noche comenzará el espectáculo multimedia que mi empresa, MIRADA CREATIVA, producirá como inicio de las fiestas del patrón de España, Santiago Apóstol.

La plaza está completamente llena y la expectación es máxima. En ese momento me vienen a la cabeza recuerdos de mi anterior visita a Compostela, como final del Camino de Santiago que inicié en el mes de mayo del año pasado.

¿Por qué lo hice? Pues eso sólo lo sabemos Santiago y yo. Pero he de reconocer que ha sido una de las experiencias más emocionantes y gratificantes de mi existencia.

Corría el mes de mayo de 2006, y debido a mi situación de desempleo me planteaba muchas dudas existenciales y personales. Así como reflexionaba mucho sobre mi vida sin saber a donde dirigirla. Por ello, necesitaba otro tipo de experiencias no hedonistas ni materialistas, sino espirituales. Y, para ello, tras mucho pensar decidí emprender la aventura del Camino de Santiago.

Algunos me tacharon de loco, y otros, de valiente, pero he de señalar que fue una valiente locura debido, en parte, a que emprendí el Camino en solitario. Pues, mi único compañero fue, por el día, mi espíritu, y, por la noche, las estrellas.

El lugar de inicio del Camino fue el pueblo gallego de O Cebreiro, situado a 150 kilómetros de Santiago y famoso por poseer un grial, que es el símbolo del escudo de Galicia, y estar poblado de numerosas casas de piedra y pallozas.

Los primeros metros del Camino fueron de tremenda ilusión y fe, aunque nada más emprender mi andadura la lluvia hizo acto de presencia dándome, de esta forma, su bienvenida a la tierra del hijo del trueno.

Después de la primera etapa emprendí camino hacia Triacastela por un camino poblado de altos árboles a través de un sendero angosto cargado de embrujo, lo cual me hacía temer que apareciera en cualquier momento una meiga o, al atardecer, debido al misticismo de la ruta, era como si los templarios me estuvieran acechando.

La siguiente etapa del itinerario concluyó en el pueblo de Sarria. Atravesé caminos cautivadores que penetran en la intimidad de unos paisajes repletos de rincones fascinantes que parecen haberse parado en el tiempo.

Y con tantas horas en solitario, el camino ofrece un sin fin de posibilidades, porque puedes disfrutar del paisaje, gastronomía, sus gentes, o pensar, reflexionar sobre el sentido de la vida y, sobre todo, conocer a otros peregrinos de procedencias dispares con los que intercambias impresiones sobre el motivo que les ha llevado a emprender tan duro recorrido.

En mi tercer día caminé por una ruta repleta de prados, bosques y aldeas ganaderas hacía Portomarín, pueblo bañado por el río Miño. En esta etapa empecé a conocer la dureza del Camino, pues el cansancio hacía mella en mi cuerpo, pero el sueño por llegar a Compostela anulo por completo la dolencia.

Y fue en el cuarto día cuando acaeció uno de los hechos más significativos del peregrinaje, pues mi destino iba a ser Melide, pueblo famoso por el pulpo, y tenía que recorrer 38 kilómetros, lo que hizo que en la parte final del trayecto mi cuerpo flaqueara y, a duras penas, logré acabar la etapa.

Los últimos 5 kilómetros mi cuerpo estaba totalmente exhausto de caminar. Mis únicos compañeros de viaje eran la soledad y cansancio, pero, en ningún momento decayó el ánimo que junto a la ayuda del Apóstol Santiago hizo que terminara la etapa, eso sí, completamente roto.

En esos 5 kilómetros he padecido el mayor sufrimiento físico de mi vida y he de reconocer que mereció la pena. Pues, sino fuera por ese esfuerzo titánico que realicé para acabar la etapa no hubiera llegado a conocer la capacidad de sufrimiento y esfuerzo que tiene mi cuerpo, ya que cuando parece que tu cuerpo no puede más, ahí algo dentro de él que, contra viento y marea, te hace seguir adelante. Y eso es la ilusión y la confianza en uno mismo.

Salvado tan duro trance, emprendí camino a la antesala de Santiago: Rúa, pueblo de ambiente medieval situado a 20 kilómetros de Compostela en el que te encuentras a numerosos peregrinos ilusionados y alegres porque saben que dentro de muy poco verán la catedral compostelana elevarse hacía las estrellas. Estrellas que durante más de un milenio llevan animando a hombres y mujeres de toda condición, fe y doctrina a lanzarse al Camino y buscar la espiritualidad en el occidente de Europa.

La noche anterior a mi llegada a Santiago rebosaba satisfacción ante lo que se avecinaba al día siguiente, pues ese sueño de emprender el Camino en solitario estaba recogiendo sus frutos, los cuales saboreaba con alegría.

La mañana de mi llegada a Santiago fue de esas que recordare toda la vida, ya que un sueño se iba a hacer realidad. El cansancio de mis pies había desaparecido, rebosaba alegría, y todas las penurias que había sufrido estaban olvidadas. Hasta que adivine el Monte do Gozo y una vez allí contemplé la capital compostelana a lo lejos y me hizo gritar: ¡Ultreya! Tal y como hacían en tiempo inmemorial los peregrinos medievales.

Entre a Compostela por calles estrechas y sinuosas de su casco antiguo suspirando de emoción, y al entrar en la plaza del Obradoiro el corazón empezó a latir intensamente. La emoción y satisfacción eran tan inmensas que al contemplar la catedral compostelana no puede evitar soltar una lágrima. Me senté en uno de sus soportales para disfrutar de tan majestuoso monumento y entré en un estado de catarsis espiritual que parecía como si estuviera en el mismísimo Nirvana.

Recuperado del trance, subí por la escalinata de su entrada principal, atravesé el pórtico de la gloria y, a lo lejos, debajo del Pantocrator observé la imagen del Apóstol Santiago. Caminé por la catedral emocionado y tras abrazar al Santo y visitar su tumba me senté en uno de sus bancos a meditar sobre lo acontecido. Lo que me hizo pensar que: ya me podía morir tranquilo.

Ahora estoy en la plaza del Obradoiro, un año después, y me vienen a la mente un montón de recuerdos inolvidables de mi anterior visita. Aunque, de ahora en adelante, me quedan muchos caminos que recorrer en la vida, sin embargo se que, el principio de todos los caminos está en su corazón.

02 julio 2007

I Aniversario blog Último asalto



Dentro de unos días se cumplirá el primer aniversario del blog Último Asalto: Verdad vs. Mentira, por ello, para celebrarlo recopilo en un video musical buena parte de mis primeros 30 años de vida. En él se pueden ver imágenes personales en distintas ciudades: Sevilla, Barcelona, Oviedo, Ibiza, Londres, Valencia, Marbella, Santiago de Compostela, Tenerife, Murcia, Salamanca, Granada… y como no, Poyales del Hoyo.
Debo agradecer a todos aquellos que me han animado y felicitado por el blog y, espero, seguir durante mucho tiempo recordando momentos memorables y bonitos de nuestras vidas.