Hace unos días he tenido la oportunidad de asistir en Poyales del Hoyo a la despedida de soltero de un amigo que posee un dilatado currículum, destacando por ostentar varios títulos de pichichi en los campeonatos de fútbol del pueblo o su último gran logro: campeón del concurso mister pelotazo 2006.
La fecha elegida fueron los días 4 y 5 del mes de mayo en el centro de turismo rural “las praderas” situado en Poyales. Hasta allí, un nutrido grupo de amigos de novio, la inmensa mayoría

provenientes de Madrid, a excepción del que escribe cuyo origen es talaverano, nos desplazamos al lugar de encuentro para despedir de la soltería a nuestro amigo, cuyo nombre coincide con un gran emperador romano.
El nerviosismo se notaba en lo primeros integrantes que llegamos a la casa rural, ya que más de uno estaba ansioso por empezar a beber de los cientos de litros de alcohol que se habían comprado. Tras repartirnos los
bungalow y acomodarnos en la que iba a ser nuestra casa durante dos días, nos dispusimos a tomar unas cervezas antes de cenar. Fue ahí donde empezó, lo que a la postre ha sido “una despedida para el recuerdo”.
Algunos de los participantes en la fiesta no nos conocíamos, pero tras cruzar unas palabras nos pudimos dar cuenta de los buenos amigos que tiene nu

estro romano. La cena sirvió para conocernos e intercambiar impresiones sobre lo que esperábamos del finde.
Terminada la cena llegó el resto del grupo proveniente de Madrid, cuyos nombres eran muy particulares y al minuto se me olvidaron.
Los componentes de la comisión de festejos nos desplazamos al garito en donde se iban a celebrar la inmensa mayoría de las actividades festivas para acondicionarlo con parafernalia decorativa:
posters, octavillas, luces luminosas, etc. Y hacer pruebas con el equipo de sonido.
Terminado este trámite, el resto de acompañantes llegaron al local y empezamos a beber sin control. La música sonaba a ritmo de “marea” y el ambiente iba aumentando por momentos. Se empezaron a

hacer los típicos corrillos, así como algún atrevido se echaba unos bailes o sacaba a relucir la guitarra fantasma. Otros, en cambio, hablaban sobre una enana que iba hacer acto de presencia al día siguiente y que había creado mucha expectación.
Hasta que se decidió empezar uno de los juegos más divertidas de la noche: “la tortura”, que consistía en hacer preguntas al despedido y ofrecerle dos tipos de castigos si fallaba la respuesta. Aunque fuimos complacientes con él y le hicimos preguntas facilotas, como cual es la capital de kazajstan o la formula química del metanol. Y como no supo acertarlas se le hicieron dos castigos: una descarga eléctrica y una depilación con cera en el pecho.
Hasta que un integr

ante del grupo, llevado por la euforia, vertió un mini encima del torturado, por lo que el juego se interrumpió por problemas técnicos.
Así que seguimos bebiendo y diciendo todo tipo de paridas e intercambiando reflexiones entupidas sobre el sentido de la vida. Hasta que el despedido se subió en una silla e improviso un discurso de agradecimiento a los presentes que se alargó durante varios minutos.
La gente fue yéndose a dormir paulatinamente y fuimos pocos los que nos quedamos hasta última hora y, por primera vez en mi vida he cerrado un garito en el sentido más literal de la palabra, ya que llevaba las llaves del mismo.
De esta manera acabo la primera jornada, aunque, poco después de acostarnos un graciosillo que se había acostado el primero se dispuso a despertarnos a todos con la amenaza de que iba ha hacer putadas si no nos levantábamos.
Así que, como en la película “el sargento de hierro” con
Cleant Eastwood nos levantamos de inmediato y formamos delante de nuestro sargento.

Después de desayunar nos desplazamos a una de las parcelas de la finca para jugar al pintball. Algunos aprovecharon las partidas para vengarse y acribillar a “balazos” a más de uno.
Acabado el juego, que fue lo único sano que hicimos durante el finde, nos dispusimos a comer en el restaurante hasta que en el postre el camarero saco una tarta para celebrar el cumpleaños de uno de los comensales, pues cumplía 30 tacos y nadie le había felicitado con la intención de gastarle una broma. Así que, la sorpresa para él fue satisfactoria.
Acabada la comida y

los brindis de rigor, nos dispusimos a realizar una de las tradiciones más típicas de las despedidas: disfrazar al novio. El disfraz elegido para la ocasión fue de
Samuel Etoo, jugador del F.C. Barcelona al que nuestro amigo tiene especial animadversión.
Le tapamos los ojos y se le fue pintado el cuerpo de negro, así como se le vistió con camiseta y pantuflas del equipo barcelonista. Las risas en ese momento fueron para partirse o para mondarse que diría el Luisma. Y tras quitarle la venda, el susodicho quedo perplejo ante semejante disfraz y echo alguna que otra arcada pero, echo a la idea, nos dispusimos a rondar los bares del pueblo y

mostrar a nuestro disfrazado.
La primera parada fue “el hogar” y para nuestra sorpresa nos encontramos con un invitado de excepción, el “Ñañez” que felicito a Etoo y se hizo unas fotos con nosotros, para risa y cachondeo de todos.
Acabada la ronda de botellines nos desplazamos al “Pikas” a ritmo de petardazo para hacernos sentir en el pueblo y en compañía de

“Ñañez” que se acoplo al grupeto.
Tras tomarnos unas rondas en el “Pikas” la siguiente parada fue en “ka Marisa”, en donde tuvimos un ligero incidente con un “hippioso” que no le gustaban los petardos. Menos mal que la cosa no fue a mayores y la presencia de otro personaje ilustre del pueblo “Grego” nos hizo volver a pasar momentos de cachondeo.
Pero una visita que teníamos guardada en la recamara era la churreria, lugar en donde nuestro personaje fue calificado como

“persona non grata” y tenía una espinita clavada en el corazón que ha logrado quitarse.
Seguidamente nos dispusimos a quemar todos los cartuchos, ya que era la última noche y, tras cenar una parrillada cocinada por los cocinillas del grupo, iniciamos la traca final de la despedida, nunca mejor dicho, porque hubo espectáculo pirotécnico y el que escribe se llevo un buen susto al prender un petardo XXL.
Pero en el ambiente volvían a relucir conversaciones y alusiones a una enana que, presumiblemente, tenía que hacer acto de presencia a lo largo de la noche y sorprender al público con un espectáculo musical. La expectación era máxima y el nerviosismo en la persona que la había contratado se hacía relucir, ya que no paraba de mirar el teléfono y beber su menjuje favorito:
absolut con sprite.
Y como la enana se hacía de rogar, para hacer tiempo, se subió al novio a un carromato y se le dio unas vueltas por la pradera con el correspondiente golpe contra un muro de piedra tipo alucinaje que, para risa de uno y acongojo del novio, nos hizo pasar un buen rato.
Y llegó uno de los momentos más esperados de la noche: la llegada de la enana. Está, llego acompañada de su representante, pues esta muy solicitada en despedidas de soltero. Tras acompañarla a un bungalow para que se cambiara de ropa e int

ercambiar algunas impresiones sobre el viaje y la metodología del show que iba a realizar, la acompañamos al garito.
Los integrantes de la despedida se habían acomodado en las sillas dejando al romano en medio del garito sentado en una silla con los ojos tapados. Nada más llegar la enana los comentarios sobre su físico empezaron a surgir, tales como: “…pues yo no la veo tan enana…”, “…así da gusto casarse…” o “…madre mía…”. Y la enana empezó a moverse a ritmo de música dejando con la boca abierta a más de uno.
Acabado el
show, los comentarios volvieron a surgir y la euforia se apoderó de alguno, sobre todo de cierto personaje que tras quitarse la camiseta como si estuviera en la fiesta de la espuma de Ibiza se vertió por la cabeza el mini de cubata que llevaba, quedándose totalmente calado, ante la mirada atónita del resto de colegas. Seguidamente otros se animaron y se despojaron del atuendo que les cubría el dorso dejando a relucir sus michelines: “gente sin complejos”, y todos juntos empezamos a cantar: “alcohol, alcohol, alcohol… hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”.
Y tras acabar con toda la bebida y hacer un amago de visitar el
after-spar de Poyales para pillar una botella de
whisky, abandonamos el garito tambaleándonos de lado a lado, yo con diversas magulladuras debido a las múltiples caídas sufridas, eso sí, la comisión de festejos compuesta por tres miembros: los Sergios, celebró una sesión extraordinaria en un
bungalow para valorar lo acontecido. La conclusión fue unánime: éxito rotundo.

Pues, han sido dos días intensos de emociones, borracheras, convivencia, diversión y despedidas. Creo que jamás viviremos algo como lo acontecido esos días 4-5 de mayo de 2007 en Poyales del Hoyo, ya que viviremos otros momentos en nuestras vidas y se podrán parecer, pero esos días han sido inolvidables y únicos.
Desde estas líneas quiero agradecer a todos los que os habéis desplazado a mi pueblo y, espero, que no sea la última vez que nos volvamos a ver. Deseo que os lo pasarais bien y os llevéis un grato recuerdo de una fecha histórica, ya que un buen amigo dejo de ser soltero para, dentro de unos días, casarse.

Y que decir de nuestro romano, ha estado sensacional. No puso reparo a ninguna de las perrerías que le hemos hecho y se ha divertido de lo lindo en compañía de sus amigos. Una persona de esas que conozco “de toda la vida”, de las que sabes que puedes contar con ella para lo que quieras y que nunca te traicionara.
En pleno siglo XXI donde ciertas palabras y valores han sido olvidados por lo superficial, esta persona enarbola la bandera de la amistad como cuando El Cid fue desterrado y siguió siendo fiel a Castilla ondeando su bandera.
Dicen que las despedidas siempre son tristes, pero, en esta ocasión, ha sido una despedida para el recuerdo. Por momentos como los pasados merece la pena vivir, y descubres a personas que te hacen ver que “la vida puede ser maravillosa”.