27 febrero 2007

Miré los muros

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo (1580-1645)

18 febrero 2007

Un domingo cualquiera

La luz de la mañana empieza a hacer acto de presencia en la habitación al colarse entre los agujeros de la persiana. En ese momento abres el ojo derecho, te das la vuelta sobre la cama y te pones mirando al techo sin pensar en nada, pero empiezas a notar un martilleo constante y molesto en la cabeza que te hace descubrir que es domingo y la resaca está empezando hacer estragos en tu cuerpo.

Te ladeas de nuevo y enciendes la luz de la mesilla para comprobar la hora. Son las dos de la tarde y empiezas a oír a tus padres comer en la cocina y adivinas que hay paella, como muchos domingos. Pero tu cuerpo resacoso debido a la cantidad de copas ingerida la noche anterior no te permite comer nada.

Decides levantarte y haces acto de presencia con una cara resacosa en la cocina justo cuando en tu casa están con el postre y, sin mediar palabra, te diriges hacía el frigorífico para beber agua directamente de la botella, a lo que tu madre te recrimina que es malo para la garganta.

Una vez saciada la sed, intercambias unas palabras con tus padres y, de nuevo te diriges a la habitación con la intención de cambiarte de ropa, pero, en esta ocasión acabas en la cama, hasta que tu madre te comenta que si quieres comer, a lo que respondes con una voz tenue un simple “luego”. Pasados unos minutos, empiezas hacer memoria de lo acontecido la noche anterior y, pronuncias unas palabras que has dicho hasta la saciedad y nunca has cumplido: “no vuelvo a beber”.

La memoria te empieza a jugar malas pasadas y son constantes las lagunas sobre acontecimientos acaecidos durante la velada pero que no acabas de entender o no encuentras explicación. Pero la noche anterior con unas cuantas copas de más lo ves de una forma natural. Como el entrarle a una piva que en otro momento no la darías ni la hora, marcarte un baile, cantar a pulmón abierto tu canción favorita, decir todo tipo de paridas, sincerarte con tus amigos o contar cosas que sino fuera por las copas que llevas encima no te atreverías a decir.

A lo que empiezan a venirte a la mente circunstancias destornillantes o situaciones incomodas. A esto, tu madre te vuelve a insistir sobre si vas a comer y no te queda más remedio que cambiarte de ropa y comer algo de paella.

Al terminar, vuelves a la habitación para seguir trillando la cama. En ese momento enciendes el movil y te das cuenta que tienes varios mensajes pendientes: el primero de una chica que no te acuerdas como se llama y que has quedado con ella para tomar café esa misma tarde y otro de un colega que te pide explicaciones sobre la noche anterior.

Entonces, llamas a tu querido amigo para conocer lo acontecido. La intriga es máxima. Tu colega coge el movil con una voz seca y fría, por lo que adivinas que la noticias que te puede dar no son muy buenas y descubres por sus palabras que la noche anterior te pillaste un pedo de los que hacen historia y tras sacarte del último garito a regañadientes, te metieron en el coche de tu amigo y echaste la pota.

Por eso que en el mensaje del movil se notaba la antipatía de tu compañero de fatigas. A esto que observas tu camisa favorita, que huele a tabaco y whisky que apesta, y observas una mancha asquerosa que te hace corroborar lo contado.

El dolor de cabeza empieza a incrementarse y, tras lavarte la cara un par de veces, tienes que placarlo con una aspirina y un vasito de zumo.

Vuelves a la cama y recibes otra llamada de un colega que se parte la caja sobre la noche anterior. Miras en el monedero y compruebas que te has gastado una pasta gansa, y piensas que has debido invitar a mazo de rondas. Echas mano del paquete de tabaco y solo te queda un cigarro roto y estrujado. Entonces, vuelves a decir otras típicas palabras que nunca has llegado a cumplir: “no vuelvo a salir de marcha”.

Pues sí, me parece que muchas personas pueden sentirse identificados en algunos de los momentos vividos un “domingo cualquiera” por este personaje. Aunque, no todos son así, ya que en los casos que la noche anterior no has salido de marcha, los puedes aprovechar para irte de cañas, ir a comer al campo una chuletada o pasar la tarde viendo los partidos de fútbol. Sin embargo, otros, aprovechan para lavar el coche, navegar por internet y chatear o quedar con alguna amiga o amigo para tomar algo y ponerse al día de sus respectivas vidas.

Hay algunos que pasan los domingos tirados en el sofá meditando, soñando, reflexionando, pensando, recordando o, simplemente, dejando pasar el tiempo esperando que llegue el lunes y empezar, de nuevo, la semana laboral con la expectativa de que el fin de semana siguiente haya un buen plan.

Y es que cada fin de semana es distinto, pues hay muchos en los que no sucede nada, pero otros son de esos que quieres que no acaben nunca por diversos motivos: porque te encuentras cómodo y totalmente identificado con tus amigos o pareja, conoces a una persona que te gusta y te hace pensar si será el amor de tu vida o te encuentras a un viejo amigo que llevabas tiempo sin ver y te hace soltar una lagrima. Pequeños momentos en los que te das cuenta porque merece la pena vivir y realmente llegas a encontrarle significado a la vida, a pesar de que el día siguiente sea domingo.

10 febrero 2007

Diario de un guerrero

Se trata del código de conducta elaborado en su día por un samurai anónimo, pero actualmente, puede adaptarse a la vida diaria como guía espiritual:

1. Carezco de hogar: la conciencia será mi hogar.
2. Carezco de vida y de muerte: el ritmo de la respiración será mi vida y mi muerte.
3. Carezco de fuerza divina: la honradez será mi fuerza divina.
4. Carezco de riqueza: la comprensión será mi riqueza.
5. Carezco de secretos mágicos: el carácter será mi secreto mágico.
6. Carezco de cuerpo: la resistencia será mi cuerpo.
7. Carezco de ojos: el destello del rayo será mi ojo.
8. Carezco de oídos: la sensibilidad será mi oído.
9. Carezco de estrategia: la lucidez será mi estrategia.
10. Carezco de proyectos: coger la ocasión al vuelo será mi proyecto.
11. Carezco de milagros: la acción correcta será mi milagro.
12. Carezco de principios: la capacidad de adaptación a cualquier circunstancia será mi principio.
13. Carezco de talento: la agudeza será mi talento.
14. Carezco de amigos: mi espíritu será mi amigo.
15. Carezco de enemigos: el descuido será mi enemigo.
16. Carezco de armadura: le benevolencia y la virtud serán mi armadura.
17. Carezco de castillo: el espíritu inmutable será mi castillo.
18. Carezco de espada: la ausencia de interés será mi espada.

Y yo, agradezco a los guerreros samurais el haberme aportado estos valores, cargados del valor más importante que necesita el ser humano: la esperanza.

05 febrero 2007

Rosebud

Hace unos días tuve la oportunidad de ver, por primera vez, la que para muchos es la mejor película de todos los tiempos: Ciudadano Kane, del cineasta norteamericano Orson Wells.

El argumento de este largometraje gira entorno al significado de la palabra “Rosebud”. Charles Foster Kane, un rico magnate de los medios de comunicación, pronuncia esta palabra justo antes de morir, y un grupo de periodistas empiezan la búsqueda del significado de “Rosebud” preguntando a las personas que en algún momento tuvieron algo que ver con Kane. Hasta que al final de la película, el espectador descubre que “Rosebud” es el nombre del trineo de la infancia de Kane.

Pero el verdadero significado de “Rosebud” y su interpretación en la película es bastante más profundo, ya que “Rosebud” significa todo el pasado que no pudo vivir, la falta de cariño por parte de sus padres, la posibilidad de recibir una buena educación familiar, etc. En definitiva, esta palabra encierra todo aquello que hace de una vida que sea feliz.

Kane se lamenta en los últimos días de su vida la pérdida de un pasado feliz, y también puede sugerir que se arrepiente de la vida que ha llevado, pues como se ve en la película, intenta encontrar en el poder, lujos, dinero, etc., es decir, en los placeres materiales, todo aquello que precisamente no se puede conseguir de ellos: amor, respeto, amistad, confianza, etc.

Ciudadano Kane viene a demostrar que el poder y el dinero no pueden ni podrán conseguir valores tan importantes como el amor, la confianza o la amistad, pues, se podrán conseguir todos los elementos materiales que uno quiera, como sustitutivo de sus insatisfacciones, pero los valores verdaderos sólo se pueden lograr con la personalidad de uno mismo y su trabajo diario.