24 enero 2007

Treintañeros

Cumplidos los 30 años, muchas personas empiezan a replantearse su situación personal, profesional, sentimental… y echando la vista atrás, recuerdan todo lo que ha dado de sí sus primeros 30 años de existencia, así, como reflexionan sobre lo que quieren hacer con su vida en un futuro o hacia donde la quieren conducir.

Y es que, hoy en día, los treintañeros/as sin pareja se han convertido en una generación de chicos y chicas que, si hace algunos años no se les consideraban jóvenes, en la actualidad, disfrutan de una segunda juventud. Me explico.

Tal y como está el mundo, debido al sistema liberal-capitalista en el que nos encontramos inmersos, en donde, el dinero es su máximo exponente, los jóvenes que tienen poco más de 30 años solteros son los que pueden disfrutar verdaderamente de la juventud, pues su situación económica es holgada y pueden permitirse caprichos que los comprometidos no pueden.

El retrato robot del treintañero sin pareja tiene rasgos definidos: clase media, estudios universitarios, tienen trabajo y viven solos en el piso que están pagando o de alquiler, aunque en algunos casos, comparten piso con alguien a quien conocen desde hace años.

Defienden un estilo de ocio que es prácticamente igual al que comenzaron a desarrollar al final de la adolescencia, y no buscan relaciones estables. Aunque cuando las encuentran, suelen aferrarse a ellas y reniegan poco a poco de todo el modo de vida anterior.

Cuidan su cuerpo, algo que quizás no hacían a los veintitantos. Acuden al gimnasio, se depilan, siguen alguna dieta para mantener la figura. En el vestir, adoptan las modas juveniles, siguen las tendencias de alimentos sanos, dejan de fumar y en cuanto a los excesos, si los hay, suaves y sólo algún fin de semana.

En materia sexual disfrutan de la libertad actual y de las relaciones esporádicas sin mucho complejo, y son frecuentes los ligues de una noche que se antojan especiales y luego no lo eran. Viajan mucho, tanto en vacaciones como durante todo el año.

En la película “días de fútbol” se describe a la perfección a estos personajes.

Estos son algunos ejemplos de sus características principales, aunque, en muchas ocasiones desearían disfrutar de elementos intangibles y cambiar la solvencia económica de su soltería por tener una pareja y disfrutar de ella, porque tal y como dice el refrán: “el dinero no da la felicidad”.

09 enero 2007

El veinte de enero, San Sebastián el primero

Pasados los Reyes, para la inmersa mayoría de la ciudadanía comienza la llamada “cuesta de enero” y finalizan las fiestas navideñas o vacaciones de invierno, excepto para los hoyancos, que pueden todavía disfrutar de las tradicionales fiestas de San Sebastián, Patrón de Poyales del Hoyo.

Las fiestas comienzan el tercer fin de semana de enero, y se inicia el día de la víspera, viernes, con la subida al santo desde la ermita que se encuentra en la plaza de “las eras” a la iglesia parroquial con subasta de banzos y Misa del último día de novena.

Ese mismo día, a eso de las nueve de la noche se tocan las campanas y todos los vecinos salen a la puerta de sus casas a quemar romero, pues es una de las tradiciones más populares y antiguas. Es curioso y emocionante, a la vez, recorrer las estrechas calles del pueblo, iluminadas por el resplandor de las hogueras envueltas en humo y escuchar de labios de hombres y mujeres ancianos la coplilla que aprendieron de sus ancestros y que todavía siguen repitiendo:
"Romero quemo,
salga lo malo,
y entre lo bueno"
Un poco más tarde, empieza la luminaria en la plaza del moral, que consiste en hacer una gran hoguera que dura toda la noche y que calienta a los que por allí se acercan, incluidos unos energúmenos que, leño en mano, atizan la fogata. Después hay fuegos artificiales que iluminan el cielo de Poyales y hacen ver a sus alrededores que estamos en fiestas. Después es el popular "toro de fuego", que hace las delicias del público, aunque algunos lo solemos correr desde las calles aledañas.

Y, a media noche, se inicia en el salón de la carretera el baile amenizado por algún grupo de música popular para el disfrute de mayores y jóvenes.

Estos últimos, entre los cuales me incluyo, a pesar de mi edad, empezamos a rondar por las calles del pueblo visitando los bares hasta media noche, después solemos hacer acto de presencia en la verbena para echarnos unos bailes o desparramar al compás de la música.

Por la mañana, a eso de las ocho, hay diana floreada en la que los mayordomos recorren las calles junto con la gaitilla para despertar a los vecinos. Y, aquellos que todavía no se han acostado, participan en esta tradición tempranera, en la que sus participantes son invitados en algunas casas a licores y menjunjes para hacerles el camino más divertido.

Viva San Sebastián, viva,
vivan los Sansebastianes.
Viva la gaitilla hermosa,
que es la que alegra Poyales.

Casi todos los años hay algún personaje que no se acuesta y empalma durante estos días, quizás por alguna promesa, para celebrar algo o, simplemente, para comenzar el año de una forma pagana venerando al Dios “Baco”; lo que provoca escenas destornillantes o situaciones esperpénticas como aquella vez que un grupo de vinagres querían sacar al santo de la iglesia y, ante la negativa de carismático Pedrín, le encerraron en la ermita.

El sábado, a las doce hay celebración Eucarística en la iglesia en la que participan los curas de los pueblos del alrededor. A su término, se reparten "bocadillos del santo" bendecidos, después hay una representación teatral en la que se relata la historia de San Sebastián.

Por la tarde, se baja al santo a la ermita acompañado por el estruendo de cohetes que los mayordomos tiran para la ocasión. Una vez en la ermita, se procede a la subasta de banzos, los cuales al ser adjudicados son recompensados con:

¡Y un cohete!

Por la tarde se realiza las famosa “ronda de bares”, y es un buen momento para conocer el estado del degenerado que no se ha acostado esa noche. Mas tarde, a la hora de la cena, en la plaza del moral se reparten migas, las cuales son acompañadas con alusiones a que “no tienen magro” por algunos jóvenes.

El domingo, se sube el santo al trono de la ermita. Posteriormente, la familia que lo ha subido al trono, invita en su casa a todos los vecinos a mantecados y perrunillas, así como a vino de “pitarra”, tal y como manda la tradición.

¡Viva San Sebastián bendito!
¡Viva!
Y el que no diga ¡viva! Que le pique la barriga

Para los hoyancos, San Sebastián es algo más que el Patrón del pueblo, pues para muchos que no tienen admiración por los santos, no asisten habitualmente a Misa o son ateos; sienten, en esta ocasión, una especial devoción por su santo, trasmitida de padres a hijos, porque a parte del sentido religioso, San Sebastián es algo más que eso, es una especie de protector o guía espiritual de nuestras vidas.

¡VIVA SAN SEBASTIÁN BENDITO!