"La Moragá"
El día uno de noviembre, festividad de todos los Santos, se celebra en Poyales del Hoyo una de las ceremonias más antiquísimas del pueblo: la popular moragá.
Hay que remontarse a tiempo inmemorial para conocer el origen de esta tradición, en concreto la edad media, que consiste en juntarse un grupo de amigos y amigas para ir a comer al campo y asar las castañas, que por estas fechas ya proliferan.
La noche anterior a la cita se suele decidir el lugar y la hora de la celebración del evento, y es ahí cuando surgen las primeras discusiones. Pues, es por todos sabido que en la moragá se suele beber en abundancia y, por lo tanto, peligra la integridad de la finca o la casa del anfitrión, por lo que la mayoría de la gente suele escaquearse aunque siempre hay un alma caritativa que ofrece sus tierras.
En nuestro caso, solíamos quedar a eso del mediodía en la plaza del moral aunque siempre hay algún rezagado o coqueto/a de turno que tarda más de lo normal debido a que se le han pegado las sabanas, no sabe que ponerse o esta buscando un peinado apropiado para la ocasión.
De allí nos desplazábamos al spar de Domingo para comprar, pero con los tiempos el lugar se ha cambiado por la casa guapito, en donde, en primer lugar se pone un bote de unas 1.000 pesetas para carne en abundancia, pan, aperitivos, cerveza y calimocho – recordaros que estoy hablando de tiempos en los que aún existía la maravillosa peseta-.
Una vez comprado el material, nos desplazábamos al lugar en cuestión en diferentes medios de locomoción: bicicletas, motos o coches. Por aquel entonces eran pocos lo que tenían buga, por lo que había codazos por ir en los coches.
Una vez en el recinto, empezaba la segunda discusión sobre quien tenía que cocinar, aunque al final siempre se llegaba a un acuerdo que generalmente siempre era el mismo, cocinaban los chicos y limpiaban las chicas. Pero molaban esos rifi-rafe.
En todos estos años ha habido numerosas anécdotas, acordaros de aquella vez que fuimos a al finca de un conocido hippy y no hubo manera de comer debido al pedo que nos pillamos nada más llegar, al encontrarnos debajo de un sillón una bolsa llena de hierba del huerto de la tía Maria. O aquella vez en la que un personaje por todos conocidos se quedo en la parra.
Uno de los objetivos principales de esta jornada festiva es asar las castañas, pero, la mayoría de las veces la única castaña que probábamos era la que nos pillábamos bebiendo.
También era una buena ocasión para volver a ver a los amigos después de las vacaciones veraniegas y contar que tal había ido la vuelta a los estudios o trabajo.
Con la edad y los años esta maravillosa tradición se ha ido perdiendo, pero en nuestro interior siempre quedará un buen recuerdo de esta fecha, en la que los más jóvenes teníamos una extraordinaria oportunidad para pasar un día entero en el campo conviviendo con nuestros amigos, alrededor del fuego contando batallitas y disfrutando de la naturaleza.












