30 agosto 2006

Miss y Mister pelotazo 2006

Un refrán popular dice: “días de mucho, vísperas de na”. Pues en este caso que os voy a relatar no hay que aplicarlo, debido a que generalmente las fiestas de Poyales del Hoyo suelen empezar el sábado, pero, como antesala, el viernes –día de la víspera- tenemos el tradicional concurso Miss y Mister pelotazo en el chiringuito del río Arbillas. Este concurso, que va por su segunda edición, consiste en premiar al chico y la chica que más copas bebe en toda la noche.

Suele empezar alrededor de media noche y los participantes se preparan a conciencia para el concurso: cenando abundantemente con carne de “guapito” o entrenándose durante la semana bebiendo copas. Una vez en el chiringuito, el Chiri da el pistoletazo de salida al concurso y es ahí cuando los participantes empiezan a beber hasta que su cuerpo aguante.

Para la ocasión, los participantes suelen vestir sus mejores galas, que a última hora de la noche se resienten de lo acontecido mostrando manchas de copas, vómitos o caídas. Los camareros te van apuntando las copas, y en una pizarra se pone el nombre del concursante y una cruz como señal de las copas que va bebiendo, hasta la hora fijada como limite del concurso en la que se hace el recuento final.


Existen muchos curiosos que asisten con perplejidad al evento solo como ojeadores, pero una vez allí y tras tomar un par de copas se pican entre ellos y compiten aunque sepan que van a perder, pues les sirve de excusa para pillarse un buen pedo.

La noche va pasando y tras un par de horas y alguna canción del “canto del loco” los participantes se empiezan a animar y más de uno se suelta a bailar en medio del chiringuito, señal inequívoca del pedo que lleva. Otros, por el contrario, tienen que abandonar, debido al moco que se pillan o porque han echado la pota, y como dice la normativa del concurso: “todo aquel que debido a su estado de embriaguez tenga que evacuar, tendrá que retirarse del concurso”.

El spring final del certamen es lo más emocionante, puesto que cada asistente toma partido de uno de los finalistas y aparte de animarle, le hace masajes en el estomago –como Paul Newman en la leyenda del indomable cuando se come 50 huevos- o le ayuda a empinar el codo para conseguir tan ansiada meta: ser el más vinagre.

Por otro lado, las novias o queridas juegan un papel importante, ya que estas, que antes no les hacía mucha gracia que su chico participara, son las primeras que les animan y chantajean.

Una vez finalizado el concurso, se hace un recuento de las copas tomadas por los asistentes y se reúne el jurado, compuesto en su mayoría por personajes ilustres del pueblo: “ñañez”, “muñanas”, “morris” y “grego”, los cuales, no se les permite participar por abusones.

Y llega el momento más importante de la noche. Pero anteriormente se habilita un podium en las piedras que dan acceso a los servicios, en donde tras escuchar el himno del concurso: “veo todo en blanco y negro…” de Barricada, el gerente del local, el chiri, nombra al ganador y ganadora.

En ese momento se desata la euforia entre los asistentes, así como alguno aprovecha para echar la pota o pegarse un baño en las cazuelas. Otros, se van tambaleando y desilusionados acompañados de la bronca de la parienta que le recrimina no ganar o el consuelo de sus seguidores que le dicen: “el año que viene será” o “lo importante es participar”.

Los ganadores del concurso van a ser la envidia de las fiestas, ya que les lloverán felicitaciones, homenajes y algún que otro “bolo” en un bar del pueblo o patrocinio de vinos del pitarra.

En la edición de este año, contó con la participación de destacados personajes del pueblo y el que narra también participó en el concurso, además de ser el único blogger acreditado por el jefe de prensa del chiringuito para difundir lo acontecido. Pero según se iba desarrollando el certamen, las copas iban haciendo mella y no puede desempeñar mi labor de narrador debidamente.

Esta segunda edición estuvo muy competida en el lado masculino, no tanto en el femenino, pues hubo una escapada a pelotis de una entrañable chica del hoyo, muy conocida por sus encantadoras pecas, y fue muy difícil de alcanzar por sus rivales, por lo que se impuso en el marcador final.

Pero en el lado de los chicos el concurso estuvo muy reñido hasta el último momento, ya que, hubo dos escapados: uno de ellos se llama como los emperadores romanos y otro como un pueblo hebreo, que desde el primer pelotazo, desplegaron sus habilidades en el terreno del copeo, que noche tras noche se han ganado a pulso.

Fue tan grande la igualdad, que al final del concurso empataron con 10 pelotazos en tan solo tres horas. Y como dicen la normativa del concurso: “en caso de empate se resolverá con un mano a mano cronometrado entre los personajes para ver quien se toma la última más rápido”.

Por lo que el romano y el hebreo se dispusieron a desempatar en un duelo: mano a mano en la barra del bar para ver quien se bebía su copa más rápido. El primero tenía como arma un copazo de cutty con limón y el segundo white label con sprite.

El desempate fue muy emocionante y causo una gran expectación entre los miles de asistentes al chiringuito en la madrugada del viernes. Y tras analizar la foto finish, se concedió ganador de la edición Mister pelotazo 2006 a un gran emperador romano ¿?. Y tras el ceremonial protocolario, fue tanto él como la ganadora condecorados con una banda de ganadores y un premio metálico –a gastar en el chiringuito-.

Después, les llovieron las felicitaciones de los asistentes al evento e incluso, en los días posteriores, fueron recibidos por la corporación municipal del pueblo para felicitarles en persona y nombrarles hijos predilectos de la villa, ya que son la envidia de todo buen hoyanco.

Esto fue lo que aconteció en la segunda edición de este tradicional concurso que, cada año es más conocido en todo el Valle del Tietar y más competitivo, pues de hecho, los asistentes al igual que en las Fallas, una vez acabada la fiesta ya están preparando la del próximo año. Yo, en este momento me estoy tomado un pelotazo y así, entrenar de cara al próximo año.


P.D.: os adelanto que el relato de la próxima semana será un monográfico sobre las fiestas de verano de Poyales de Hoyo.

09 agosto 2006

Estoy de vacances

Amigos y amigas del Blog,

Por fin llegaron mis vacaciones. Por lo tanto, el Blog permanecerá sin sufrir actualizaciones durante un par de semanas, pero, os prometo que a la vuelta os traeré nuevas historietas que contar.

Estos próximos días los pasare en Poyales del Hoyo, prometo un monográfico sobre sus fiestas; en la playa: Tenerife y en Talavera de Reina, también dedicaré un apartado a Talavera que si no se enfadan mis amigos.

Quiero dar las gracias a todos y todas los que me habéis felicitado por el Blog, ya veo que mi esfuerzo no ha sido en balde y ha tenido una buena aceptación.

Sin más, recibid un cordial saludo.

Sergio Núñez Vadillo

01 agosto 2006

Aquellos maravillosos años. Vacaciones en Poyales del Hoyo


Durante toda mi vida he pasado las vacaciones de verano en Poyales del Hoyo de muy distinta manera, ya que con los años, los comportamientos y actitudes cambian considerablemente.

Es por ello que mi periplo vacacional en el pueblo se ha desarrollado en paralelo con mi edad y con la vida de Poyales. Y como reza un dicho popular: “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Nunca se me olvidarán aquellos veranos que duraban una eternidad, pues empezaban a finales de junio, cuando nos daban las notas, hasta mediados de septiembre; aunque como siempre he sido un mal estudiante tenía que estudiar por las mañanas en las clases particulares que nos daba Mari Pili.

En aquel garaje localizado, como diría el pregonero de Poyales: “del Parador pa lla”, nos congregábamos todos los veranos los mismos, y desde primera hora de la mañana era un goteo constante de chavales y chavales yendo a que nos dieran clases de apoyo. Aunque también era un lugar en donde te lo pasabas da vuti, ya que los gamberros de Poyales aprovechábamos para conocer chicas, entablar conversaciones estupidas o cachondearnos de alguien.

Por la tarde, a eso de las cinco, solíamos subir al Bar de la carretera a tomar un café con hielo y pillar tabaco. Aunque en más de una ocasión nos lo tenía que comprar algún amigo mayor de edad porque a nosotros no nos lo vendían.

Y luego nos subíamos al río en las motos, como la mítica Puch Condor amarilla que en más de una ocasión me ha jugado una mala pasada. Ya que, todos los veranos se me rompía el cable del embrague y tenía que cogerlo con unos alicates, para risa de mis amigos.

Generalmente me subía en moto con otro amigo, uno que siempre va con los pelos de punta tipo Bart Simpson, por el camino antiguo del río, ya que nunca nos poníamos el casco y teníamos que evitar que nos pillaran los picolos.

Una vez en el río nos ubicábamos en el charco de las hoyas, en donde a parte de bañarnos y tirarnos desde las piedras a las pozas, nos flaseabamos con hierbas de la huerta de María. Y a media tarde nos bajábamos al campo de fútbol a jugar el popular campeonato de verano que, para los hoyancos, siempre han sido tan importante como el Mundial.

Desde pequeño he jugado en el equipo de los Bebes. Todavía me acuerdo de las palizas que nos metían los mayores. Por entonces, el campo era de tierra y jugaba de portero, hasta que pegué el salto a delantero y empecé a destacar en el pueblo por mis habilidades futbolísticas, de ahí viene el popular y carismático sobrenombre con el que se me conoce, ¿sabéis cual es? JA JA JA.

Poco después, en mi última etapa de jugador, coincidiendo con mi desplome futbolístico, pues empecé a darle más importancia a otras cosas como las chicas, tomar copas o salir de fiesta; juque con el equipo de los Tepees.

Después de los partidos nos retirábamos a casa y sobre las once de la noche subíamos, de nuevo, a la carretera para conseguir coche para salir de marcha a Arenas o Candelada. Pues, como no teníamos coche, eran los mayores los que nos llevaban.

Nos ubicábamos en la terraza para poder observar quien se acercaba por allí y, en cuanto veíamos un coche conocido, salíamos corriendo a su encuentro y antes de que el conductor se bajara del vehiculo, le estábamos preguntando: ¿tienes sitio para llevarnos?

Casi siempre coincidíamos los mismos en los coches y, a la larga, cada uno tenía su conductor. Como un conocido chaval que posee una fabrica de leche, un ciclista de renombre que siempre va en el pelotón, un destacado empresario hostelero, o un peculiar jugador de trivial.

Casi siempre íbamos a Arenas: empezábamos en el Mesón de la Reina a tomar dos o tres cubatas y de allí nos desplazábamos a la terraza en donde, a parte de seguir bebiendo, nos servía para conocer a chicas. Y luego a la legendaria discoteca “La Florida” que costaba 500 pelas la entrada y no te ponían sello a la salida porque el portero se quedaba con tu cara. Aunque, en más de una ocasión hemos intentado engañarle, pero el tío era un verdadero “figura” y se quedaba con todo el mundo.

La Florida ha sido para la mayoría de nosotros un lugar emblemático. Nos ubicábamos justo en la entrada a mano izquierda, a lado de los sillones, y desde allí nos manejábamos dentro de la disco como si estuviéramos en nuestra propia casa, dando las típicas vueltas para ver chicas a las cuales decir alguna chorrada, echarnos unos bailes en medio de la pista o ligar con alguna pivita, con el riesgo que eso suponía, ya que te jugabas una bronca con los chicos del pueblo.

En algunas ocasiones el exceso de alcohol (Vodka Absolut con Sprite, en mi caso) te jugaba una mala pasada y acababas con un pedo de escándalo que combinado con las curvas de la carretera a la vuelta, suponía un peligro, y en más de una ocasión era usual ver a alguno con la cabeza fuera de la ventanilla o en la cuneta echando la pota.

Y es que La Florida marcó el inició de mi carrera por la noche, la cual mantengo hasta el día de hoy.

A las seis de la mañana el Dj ponía una histórica canción de AC/DC precedida del famoso: “niños y niñas hasta el próximo…” era entonces cuando la noche daba a su fin, a excepción de los Zipi-Zape del grupo que aprovechaban para ligar con las chicas más rezagadas. Lo cual suponía un peligro para los compañeros de viaje que se veían en tierra.

Algunas noches se alargaban más de la cuenta en la churreria del pueblo, degustando el famoso cubata con porras acompañado de alusiones a una tal “Pepi” o el despelote de algún vinagre que no quería acabar la noche. Y si el ambiente estaba muy caldeado, se solía tirar al alguno al pilón para bajarle los humos.

Con la edad las cosas fueron cambiando. Llegó la Universidad, las novias, los coches, otras amistades… en definitiva, otras etapas de la vida, pero siempre coincidíamos en el pueblo para disfrutar y salir de marcha. Aunque como aquella época no ha habido ninguna.

Los años han ido pasando y todos hemos cambiando en nuestra personalidad o físico. Llegaron las novias, los trabajos, los problemas, los pisos, las hipotecas, las bodas y las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero, para todos nosotros, creo que perdura en nuestro interior un añorado recuerdo de “aquellos maravillosos años” en donde empezamos a conocernos a nosotros mismos, a los demás, a disfrutar de la vida y, por que no decirlo: a sentirnos verdaderamente libres.