Una tarde en el río Arbillas

Durante el verano y coincidiendo con los meses de julio y agosto, año tras año, suelo hacer el mismo ritual desde hace mucho tiempo: la visita al río de mi pueblo, el río Arbillas.
El citado río se encuentra a unos dos kilómetros de Poyales del Hoyo (Ávila) y es una de las gargantas más bonitas del Valle de Tietar, por el paraje natural donde se ubica, el entorno y su agua cristalina.
El río de Poyales esta cargado de historia, ya que debido al reducido término municipal de nuestro pueblo -el cual nos han robado los Ayuntamientos piratas de Candeleda y Arenas de San Pedro- el río Arbillas esta ubicado en el término municipal de Arenas, pero los Hoyancos desde siempre lo hemos considerado nuestro.
A lo largo de toda mi vida he visitado y disfrutado del río en verano y, como esta retirado del pueblo, los más jóvenes nos las apañábamos siempre para ir al río en cualquier medio excepto andando: bicicleta, moto o “haciendo dedo”.
Nos pasábamos toda la tarde en las distintas charcas que lo conforman: las virtudes, las cazuelas, el olivo, y los más valientes acudían a tirarse desde las piedras más altas que bordean el charco de los médicos o la muerte. Así como no podían fallar para los más afortunados o guapetones del grupo, la compañía femenina, la cual, solía recibirse en el charco de las hoyas, ¡podéis imaginaros para que! O sino había compañía de chicas, en ese mismo charco, nos escondíamos para flasearmos con hierbas de la huerta hoyanca.
Pero como todo cambia con la edad, en la actualidad sigo visitando el río de mi pueblo, pero esta vez, la parte de arriba del río, por donde pasa la carretera; en donde se ubica uno de los puntos más significativos y divertidos del río Arbillas: El Chiringuito del Chiri.
Este sorprendente chiringuito esta localizado en la primera línea de río, al lado del charco llamado las cazuelas y es regenteado los meses de verano por un simpático y divertido personaje: el Chiri.
Allí, puedes pasártelo bomba toda la tarde, ya que es punto de encuentro de los personajes más peculiares de Poyales y acompañado de unos tintos de verano puedes pasar una tarde divertida, y sin darte cuenta pueden que te den las tantas sin haberte pegado ni un solo chapuzón.
Los clientes habituales nos solemos subir al chiri-nguito a eso de las cuatro y media de la tarde para tomar el famoso café-solo con hielo. Y a partir de las cinco empieza a llegar la gente. Yo suelo ir de los primeros para pillar un buen sitio pues, las tardes de expectación, se suele llenar de personajes ilustres y carismáticos por lo que es aconsejable pillar un buen sitio, -como con las sombrillas en la playa-.
Después del café, se comienza a degustar los licores, con alcohol claro, y se empieza a echar un vistazo a la barandilla del chiringuito en donde puedes ver a las tórtolas que se están bañando o tomando el sol. Hay ocasiones que si la tórtola es de buen ver, hay empujones y codazos por pillar una buena posición. Y en la tarde de los domingos suele aparecer algún que otro dominguero que, debido a lo resbaladizas que están las piedras y lo fría que es el agua del río, nos provoca alguna carcajada por sus curiosos movimientos.
Los clientes más fieles solemos ubicarnos al lado de la barra, pegados a la barandilla, en donde puedes divisar quien viene desde la carretera, los clientes del chiringuito y el charco de las cazuelas.
Y después de los licores, se empieza a tomar el producto más representativo de la casa: el tinto de verano. Los camareros te suelen ir apuntado las consumiciones que vas tomando y las que invitas, y alguna que otra vez, al pedir la cuenta te llevas un buen susto debido a su elevado coste, señal inequívoca de la cantidad que has bebido.
Los tintos se van acumulando y con ello van cambiando la percepción de las cosas, como la opinión sobre las bañistas, pues si antes una te parecía poco agraciada, ahora te parece un pivón o empiezas a largar y despotricar sobre los campeonatos de fútbol locales, el gobierno municipal o el proindiviso.
En cuanto a la música, se suelen poner las típicas canciones del verano, que son tarareadas por los más folklóricos. Y cuando quieres visitar el baño tienes que subir por las piedras hasta localizar un sitio en donde no te vean, con el riesgo que esto supone, debido a la peligrosidad de la combinación alcohol-piedras.
Y es que en el chiringuito no te aburres. En más de una ocasión me he bajado al pueblo un poco moco y sin haberme bañado en toda la tarde, eso sí, me he bañado por dentro.
Espero amigos/as que esta historieta os haya recordado viejos o actuales tiempos. Si el próximo día pasáis por allí y me queréis conocer, ya sabéis donde encontrarme. Para más señas: tinto de verano en una mano, en la otra un cigarro, mirada distraída, aspecto desenfadado, bañador de colores, y, lo más importante: amistad y buen humor.







